viernes, 6 de enero de 2017

Oscura tentación capítulo 1: El contrato inesperado.

Esta historia empezaba como cualquier otra, una chica, considerada débil y femenina que perdió todo aquello que quería y atesoraba a manos de la guerra. Una guerra que no tenía fin...Prolongada innecesariamente por culpa, quizás, de los altos mandos del vaticano. Sola, en su tierna infancia fue acogida por sus tíos, quienes tenían dentro de su familia a la que sería luego como su hermana pequeña. Si, ella era más grande y sí, fue adoptada aún siendo pequeña, pero iniciada tempranamente en las artes del combate, justo como su preciada primita.

Cuando cumplió los 13 años, decidió dejar su pequeña aldea para aprender algo más que el camino ninja. Su habilidad secreta, en lugar de las pesadas shurikens, era algo más largo, ágil y menos filoso, pero efectivo. Recordaba la cara de la que sería como su hermana menor, al lado de su fastidioso primo, despidiéndose a la lejanía con mucha intensidad. Le deseaban lo mejor, y ella salía de allí buscando un mejor futuro para ambos.

Como se arrepentía de aquella decisión.

No fue sino hasta dos años después que le llegó la terrible noticia.
Ellos se habían ido para siempre y ella no pudo protegerlos. 
Se decía que no existía ningún sobreviviente.
Y aquella tarde en las ruinas de lo que alguna vez fue su hogar, lloró.
Lloró como nunca antes había hecho desde la muerte de sus padres.

Le juró a la tierra que apretaba con sus puños bajo ella que tomaría venganza.
Que sería más fuerte que nadie.
Que no iba a perder a nadie más.

Y fue ese juramento lo que la llevó a unirse a las filas del vaticano.
A la armada de los templarios.

[ACTUALIDAD]

La castaña se abanicaba con tranquilidad mientras observaba a su protegida pasear de un lado a otro en el templo. La pelea aún no daba inicio y se estaba impacientando, la conocía bastante bien. Era alguien muy transparente y fácil de leer, como un libro abierto, y por eso mismo la había elegido. no quería que ella pasara por el mismo ciclo de venganza por el que había pasado ella.

Relájate— le pidió mientras se acercaba a ella flotando levemente —Solo están revisando la situación, tú también lo harías, estamos hablando del caballero negro— le recordó.

—Ya lo se...— respondió a medias la contraria sin abandonar su gesto pensativo e irritado —Es solo... es la primera vez que actualmente puedo enfrentarlo cara a cara— habló con calma, mirando a la nada —¿Qué tal si huye como las veces anteriores?

Diao no pudo contestar nada a eso, era una posibilidad que no podía negarse. Sonrió un tanto amarga e incomoda, algo impropio de su encantador y femenino rostro.


—Ponerte ansiosa sobre eso no cambiará lo que suceda al final— habló luego de una pausa, apoyando una de sus delicadas manos en el hombro de la joven —Lo que sea que ocurra, es porque así está escrito...

Era bastante tiempo ya que se conocían, la ambarina sonrió levemente, algo impropio también de ella mientras trataba de relajarse y no pensar en ello, en su espalda podía sentir el peso reconfortante de su arma de combate, aquella que con esfuerzo había aprendido a dominar a una temprana edad. Incluso si Reinhardit decidiera escapar... Ella le encontraría algún día, sin ninguna duda.

Y cuando ese momento llegará, no lo dejaría escapar.

De repente el aire alrededor de ellas se tornó gélido. Pequeñas estrellas de nieve comenzaron a caer a su alrededor y la repentina tranquilidad que las embargo era un claro aviso de la presencia que acababa de unirseles, aunque raro, era probable que la peliazul también estuviese preocupada por la situación actual.

—Shirayuki— la saludó su compañera con una sonrisa —¿A qué debemos tu manifestación? creí que no salías a menos que maggie te necesitara realmente

La joven dama de piel aporcelanada y pálida miró a su compañera con expresión de preocupación.

—Momiji ha estado muy inquieto— comenzó con voz calmada, pero sin perder ese tono armonioso y cautivador de ella —Aparentemente, siente un gran peligro— Sus ojos azulados se posaron en la lejanía, como si pudiesen observar en lo más profundo del templo (lo cual probablemente era cierto) y se quedaron instalados allí un largo tiempo, del cual luego simplemente agregó —Siento una grieta dimensional proveniente de lo más profundo del templo, no es una grieta cualquiera— su expresión se volvió gélida —Y hay un gran poder oscuro proveniente de allí, no es nada que hubiese sentido antes

El pequeño zorro blanco tembló entre las delicadas manos de la joven, su expresión era de miedo.

La castaña también se concentró en los alrededores, definitivamente había algo más, algo muy poderoso, dentro de las profundidades.

—Si es algo malo, debemos detenerlo— espetó maggie con una determinación inquebrantable, era todo o nada ahora.


...

Había trabajado arduamente para llegar a este punto, ya no había vuelta a atrás.

Si al final todo salía bien, si al final todo valía la pena y quizás, solo quizás, pudiese sostenerla otra vez entre sus brazos, entonces y sólo entonces...estaría tranquilo, completo.

Incluso cuando la venganza era su prioridad y cometió muchos crímenes, cosas inhumanas que no hubiese cometido si aún ella estuviese en su vida, ya no le importaba. La causa por la que había creído luchar tiempo atrás era una mentira y los templarios, sus antiguos compañeros, unos traidores.

Probablemente gea también lo sería.
Por eso mismo estaba en su poder.
Iba a usarlo para romper los límites.
Para traerla de vuelta.
Justo como se la habían quitado.

El portal delante de él se hacía cada vez más estable, su tamaño se multiplicaba a cada segundo mientras absorbía el poder del creador de las cosas. 

"Solo un poco más..." decía en su mente, a sabiendas de que los templarios estaban adentrándose al templo tras su pista muy pronto.

Como si el cubo respondiese a su llamado la luz se intensificó, acelerando el proceso.
¿De verdad era tan fácil controlar a un dios?

Se suponía que el cubo era uno, pero en todo este tiempo nunca le dedicó palabra alguna. Esperaba un castigo, una reprimenda, pero nada de eso llegó.

Lentamente, hombres armados comenzaron a salir del otro lado de la gruta, marchando seguramente hacía el exterior. Escuchó una risa que le heló hasta los huesos, demonios de apariencia espantosa también se presentaron, pero no había indicios de la persona que estaba esperando aún. Sin embargo el ejército que había logrado reunir en tan poco tiempo era más que suficiente para llevar a cabo el plan sin contratiempos, y en dado caso que hubiera alguno, escapar y empezar todo otra vez, por mucho que aquello fuese un desperdicio, era mejor siempre tener otra oportunidad.

Nuevamente, aquella risa gélida lo distrajo de sus pensamientos mientras pasos lentos y pausados hacían eco en el silencio de aquel congelado lugar.

¿Siempre había estado tan frío?

—He cumplido mi parte del trato— Habló con voz monótona y fría —Te he sacado como me pediste así que ahora me ayudarás a traerla de vuelta

Los ojos rojos se asomaron de la oscuridad, al otro lado del portal, sonrientes y cínicos. Fríos de toda emoción humana.

—Efectivamente— La voz masculina que brotó de aquel hombre misterioso estaba llena de burla y sarcasmo —Me has servido correctamente, para ser un simple humano— Una mano oscura se aventuró al exterior, sosteniendo lo que parecía ser la página de algún ritual antiguo —Cumpliendo con mi parte, esta página es del libro de los muertos, un libro que solo los antiguos podemos acceder— reveló extendiéndose al albino —Solo necesitas al cubo y algunos ingredientes que siendo tu, no tendrás problemas en encontrar

Sus rojas orbes se posaron en la forma divina encima de él, sosteniendo el portal.
Volvió a reír, esta vez de manera más estrepitosa, burlándose del creador.

Era lo único que él y su peón tenían en común, la traición.

Reinhardit tomó la página, examinandola cuidadosamente, la información era precisa, pero estaba llena de términos desconocidos, aún así, si podía ayudarlo no la iba a rechazar, ya tenía una idea de quién podría ayudarlo a descifrarlo, solo era cuestión de persuasión.

—Muy bien— accedió guardando el pequeño papel en su bolsillo.

Su pequeño intercambio fué interrumpido por los pasos apresurados y pesados de la armada contraria.
Marchando fuertemente desde el otro lado del templo, el frío alrededor de ellos intensificandose aún más.

—Los templarios ya vienen— Le advirtió Reinhardit mirándolo de reojo con indiferencia.

La sombra solo contestó —Son como hormigas, no valen ni siquiera mi tiempo— Dijo, dispuesto a dar la espalda, hasta que una sensación que no había experimentado en mucho tiempo lo recorrió como una corriente eléctrica, estaban allí y los había sentido, probablemente ellos a el tambien.

Bufó.
Habían más eidolons en camino.
Por lo que uno o dos enviados de gea podrían venir con ellos.

—Me voy— Sentenció, llamando la atención del contrario.

—¡No puedes irte!— Le reprochó enojado —Estamos en esto juntos, caigo yo, tu igual— sus palabras contenían ira, pero al contrario no le intimidaban en lo más mínimo.

—Soy libre ahora— le recordó, sus frías orbes posándose sobre él con maldad pura —Ya no tengo asuntos contigo

Reinhardit rió con sarcasmo, antes de extender su brazo en dirección al cubo.

—Aún tengo una última carta bajo mi mano— le recordó —Pruebame y nunca serás libre de tu miserable agujero

Los pasos se acercaban cada vez más, las primeras catapultas custodiadas por soldados fueron instaladas, mientras la armada los rodeaba de ambos lados. La sombra se escondió en lo más profundo de la oscuridad, no tenía tiempo para discutir ahora, solo le quedaba seguir la corriente, él también tenía un plan —Pretende que no estoy aquí— susurró, antes de desvanecer su presencia por completo.

Pero Reinhardit sabía que no se había ido.

Se dió la vuelta, sin perder su expresión de frialdad, encarando a los bastardos traidores que probablemente no conocía, pero eran igualmente escoria si pertenecían a la iglesia. Entre ellos, sin embargo, estaban 3 mujeres de gran belleza, una un tanto fría, la otra era difícil decir, mientras que la otra era algo muy femenina para si quiera pelear en una batalla.

Su risa hizo eco en el silencio que se había formado.

—¿Reclutar mujeres?— se burló —¿Siquiera sabes usar eso que cargas?— le preguntó con sarcasmo a la ambarina, que solo estrechó los ojos, concentrando su ira en él. —¡Todos ellos son unos traidores!— gritó, mientras agitaba su espada señalandolos a todos —Tu vida no les importa

A su lado Diao chasqueó los dientes irritada.
Shirayuki simplemente se mantuvo en silencio.

El comandante de la tropa de los templarios avanzó, su semblante era serio mientras se posicionaba en la vista de su adversario, sin ningún tipo de duda o vacilación.

—¡En el nombre de todo lo bueno y justo, yo, André, Comandante de los templarios he venido a detener tu reinado de maldad en el nombre de Gea!— proclamó el castaño con voz grave.

El caballero negro estalló en risas.

—Eres como una rata delante de mí, te vencí antes, y lo volveré a hacer ahora— Rió nuevamente antes de avanzar rápidamente y mover su espada, lista para impactar.

André logro bloquear el ataque, aunque con un poco de dificultad, le devolvió  el golpe y se separó a una distancia prudente, antes de embestirlo el mismo. Su escudo podía estorbar en ocasiones, pero contra la lanza del contrario, resultaba útil.

Ambos se enfrascaron en una lucha en la que el templario tenía claramente la desventaja, el resto de las tropas se organizó en grupos de cinco para dar de baja a los demonios que Reinhardit había invocado. Los restantes se dispersaron para acabar con los lazarillos más débiles, sin ningún tipo de problema.

—¡Shirayuki, vé a ayudar en el sector cinco!— Le comandó la ambarina mientras esquivaba el ataque de uno de los monstruos más grandes, a su lado, Diao estaba haciendo la danza del viento para ayudar a los demás caballeros con los daños que sufrían. La magia curativa de Diao ayudaba a que las pérdidas no fueran tan grandes mientras Shirayuki congelaba a sus enemigos a diestra y siniestra creando pequeñas ventiscas.

Los ecos metálicos en la recámara del templo no cesaban, los gritos de batalla ahogaban los grotescos sonidos que generaban los monstruos, andré, sin embargo, estaba cada vez más debilitado en su combate contra el archienemigo jurado del vaticano.

—¡Maldición!— gritó mientras trataba de recuperar el aliento.

—Te dije que no eras rival para mí— resopló el albino, mirándolo cínicamente —¡Lo único que obtendrás de esto será tu muerte!— gritó antes de embestir, su espada directamente apuntada al pecho de André quien en estos momentos, claramente, no podría esquivarlo.

Pero andré no se movió, su mirada seguía fija en el caballero negro acercándose a el rápidamente, llena de odio y rencor, pero sobretodo, determinación inquebrantable de que no iba a perder aquí, sin importar los medios necesarios.

Justo cuando la espada del caballero negro estaba a punto de alcanzarlo, un eco metálico hizo presencia, acallando todo ruido en la habitación, todos los presentes (Que eran templarios ahora, pues las criaturas ya habían sido vencidas) estaban a la expectativa de la inminente derrota de su comandante, solo que, la lanza que bloqueaba la espada del caballero negro no era de un soldado, sino de la enviada de Gea, Maggie.

—Tu oponente...— Dijo ella, no retrocediendo un paso mientras bloqueaba el ataque de Reinhardit—..¡Seré yo!— Finalizó antes de devolverle el golpe y contraatacar.

Era bastante rápida pese a que la Lanza que estaba usando era el doble de su tamaño, La movía con gracia y rapidez, una casi mortal para sorpresa del ex-templario, quien nunca hasta ahora había encontrado a alguien que fuese ligeramente más rápido que el. Ni pensar que se había burlado cuando la había visto con ella en la distancia. Nunca debía subestimar a sus oponentes.

La ambarina no vaciló en atacarlo todo lo que podía hasta arrinconarlo, esta vez definitivamente no planeaba dejarlo escapar y aunque en fuerza fuera un poco débil, su velocidad de ataque, por mucho, podía quizás compensarlo si se le sumaba a su factor sorpresa. André solo miraba la escena desde donde había caído de rodillas, internamente aliviado de no resultar mortalmente herido, pero su subordinada había tenido que venir a su rescate, y ese si era un golpe directo al orgullo.

—Tsk...— Reinhardit chasqueó los dientes en irritación, estaba arrinconado, pero no pensaba perder, no ahora que estaba tan cerca de su objetivo —Eres una molestia— sentenció mientras contraatacaba, tratando de arrinconar a la joven con algo de éxito, pero no mucho. Había olvidado que era una Enviada de Gea, por lo que tenía aliados.

No fué si no hasta que sintió los picos de hielo caer a sus pies que retrocedió rápidamente, notando la presencia de la peliazul a su izquierda, aquella que dominaba el hielo.

—¡Suficiente!— Gritó claramente irritado mientras una ola de energía oscura viajaba por toda la habitación, debilitando a todos los presentes, incluido las dos diosas que cayeron de rodillas. Maggie alcanzó a apoyarse en su lanza clavándola en el cristalizado suelo, gracias a los poderes de hielo de shirayuki y mantenerse de pie, mirándo con ira a su oponente.

Reinhardit se acercó lentamente a ella, con paso lentos pero largos, totalmente seguro, como si aunque quisiese nadie pudiese oponersele, se acercó hasta quedar delante de la ambarina, mirándola como si fuese la peor basura del mundo, una cucaracha que debía aplastar con la suela de su zapato.

—No tengo tiempo que perder con ratas— Dijo, tomándola del cuello de su vestido y alzándola hasta que sus pies no podían tocar el suelo. La miró de manera fría y agregó —Si tanto lo deseas, este lugar se convertirá en tu tumba

Ella rió levemente, sintiéndose algo axfisiada por el agarre en su cuello y le contestó —Si crees que pienso morir aquí estás muy equivocado, no me subestimes

El la lanzó al piso con brusquedad y ella aprovechó aquella oportunidad para tomar su lanza que yacía en el piso y correr rápidamente hacia él.

—Estúpida— murmuró dirigiendo su espada hacía ella, listo para bloquear su ataque, solo que, justo cuando su lanza estaba a punto de impactar la espada del albino, ella rápidamente giró su lanza, cambiando el curso de esta e incrustandola en su lugar, en el hombro del caballero negro.

Este emitió un gruñido que sacó de su estupor a todos los demás, un poco más recuperados del impacto de la onda oscura. Tanto Diao como Shirayuki estaban impresionadas de la destreza de la joven, que decir de andré que se había quedado sin palabras.

Retiró su lanza del hombro contrario, y el carmesí de la sangre no se hizo esperar, brotando rápidamente de la reciente herida, recorriendo el brazo y creando un ligero charco en el piso debajo de este. El caballero negro miraba su hombro herido con incredulidad, sujetándolo con fuerza para luego mirar a la causante de su dolor, con toda la rabia y el odio contenido de todos aquellos años. El aire alrededor de ellos rápidamente poniéndose tenso. —¡Vas a pagar por esto!— gritó —¡Todos van a pagar, se irán conmigo al infierno!— sentenció antes de dar la vuelta y caminar hacia el portal.

—¡No lo dejen huír!— Gritó andré a sus tropas, quienes se pusieron rápidamente de pie dispuesto a rodearlo.

Pero Reinhardit solo sonrió y dijo.
—Yo no estoy solo tampoco

Todos se quedaron en silencio, notando una repentina y siniestra presencia proveniente del interior del portal. Era tan oscura que muchos comenzaron a temblar, sintiendo el aire frío y repugnante, como si todo aquello fuese un sitio lleno de terror. Se miraban las caras los unos a los otros, claramente asustados, incluso andré miraba a su alrededor con cautela.

—Es eso— Shirayuki habló, interrumpiendo el silencio mientras se ponía de pie con dificultad —Es la oscura presencia que sentí cuando entramos, pero es mucho peor de lo que imaginaba— comentó mirando al portal con asombro y espanto.

Diao seguía su ejemplo, reaccionando exactamente igual.

Una risa oscura hizo presencia, tan siniestra y terrible que todos se congelaron.
Excepto por maggie, que no se dejó engañar por aquello.

—Reinhardit— Pronunció la voz desconocida con diversión fingida, mientras los rojos y brillantes ojos se asomaban de la oscuridad del interior —Mírate, acorralado como una rata— volvió a reír de manera estruendosa, mientras el mencionado lo fulminaba con la mirada.

—¡Callate, esto es tu culpa!— Sentenció el otro, señalandolo con la punta de su espada —Recuerda que tenemos un trato

—Si...— Los ojos oscuros se afilaron, con una irritación evidente — Entra, pero a cambio, yo saldré

El caballero negro lo miró con desdén y desconfianza —¿Cuál es el truco?

—Ninguno— respondió la voz, como si estuviese aburrida —Tu ya sabes cual es mi objetivo

—Encargate entonces— Finalizó el otro, entrando al portal para desgracia de la ambarina.

Trató de correr para evitarlo, pero el brazo de André la detuvo, negando con la cabeza, no era el momento. Todos se encontraban alerta a la nueva presencia en la habitación. André se acercó, no mucho, pero lo suficiente como para encarar a lo que fuera y retroceder si llegaba a lo peor.

—¡¿Quien eres?! ¡Muéstrate!— Le gritó al portal, recibiendo risas como respuesta del otro lado.

—Esta sensación...—Susurró Diao, cerca de la mujer de las nieves.

—Yo tambien la siento...—Shirayuki miró a Diao mientras asentía —Pero no estoy segura, es muy vaga...

Se escucharon pisadas, mientras que llamas negras y rojas comenzaron a rodear a los presentes, ardiendo con fervor, como si estuviesen vivas, la siniestra risa no cesaba mientras se acercaba cada vez más hasta que la silueta de un hombre alto estuvo presente. El cubo de gea, sobre ellos, pareció reaccionar ante la presencia de este desconocido.

—¡No es posible!— musitó Diao en asombro al reconocer la figura, ahora todo tenía sentido.

Los ojos rojos de aquel hombre alto y musculoso se fijaron en la ambarina, su sonrisa era apenas visible, pero lo suficientemente notable como para saber...

Que todo aquello lo divertía de una mala manera.

—Admito que para ser mujer peleas muy bien— Su voz salió de manera un tanto seductora, causando un estremecimiento en la joven que tomó estancia defensiva de inmediato —Pero eres una cucaracha que se inmiscuye en mis planes y yo, por lo tanto, debo eliminarte— Sonrío —Espere mucho tiempo para poder vengarme de la patética rata que estropeaba mi tan meticuloso plan pero....— se acercó a ella lentamente, revelando a un hombre apuesto de largos cabellos blancos, piel nivea y cuerpo tonificado, bastante alto y elegante. Se detuvo frente a ella, inclinándose un poco para encararla de forma un tanto coqueta —...No estás tan mal— murmuró mientras tomaba uno de los largos mechones color ámbar entre sus manos, deslizándose con suavidad.

Maggie no podía reaccionar, era bastante apuesto, pero las apariencias engañaban y ella sabía que debajo de toda esa aparente "Perfección" se escondía algo siniestro y oscuro, pero además, sentía, que había mucho más cosas que aún no podía apreciar.

—¡Maggie cuidado, el es....!

—Lucifer...— susurró la joven, luego de mantener la mirada al desconocido.

El mencionado sonrió con malicia, apartándose de ella, la Katana larga que apareció en sus manos estaba envuelta en llamas y emanaba una energía oscura incalculable.

Los escalofríos que recorrieron el cuerpo de la joven le hicieron saber de inmediato que no estaba lista para este combate. Si peleaba, moriría. Así de fuerte era la sensación de muerte y desgracia que esparcía lucifer, haciendo completo honor a su nombre. Su mirada, probablemente, sí que podía matar a cualquier persona, probablemente del miedo.

Lucifer escaneó sus alrededores meticulosamente, calculando. Nadie allí podía oponerse realmente, y el cubo de gea, la única llave a su prisión estaba justo delante de él, observandolo. Testigo en carne y hueso de su burla y traición, aún siendo un ancestro, había escogido abandonar su deber. Pero no sintió ningún remordimiento. Eran tan satisfactorio, al contrario, que no pudo evitar soltar una carcajada a forma de burla. No habian castigos divinos esta vez, el cubo estaba incapacitado.

La ambarina estaba nerviosa, no podía negarlo, aunque no lo demostrara mucho sus manos temblaban ante el fuerte agarre que ejercía sobre su arma de combate. Tenía que pelear aunque significara suicidio, si no, probablemente todos allí serían aniquilados. ¿Estaría belenus al tanto de esto? probablemente si lo supiese, pero no había mucho que pudiera hacer...

—Esto no me gusta...— murmuró diao cerca de ella, claramente consternada por la situación —Incluso con shirayuki aquí no hay mucho que podamos hacer para detener a un ancestro...

—¿Ancestro?— Preguntó ella —Explícame.

Shirayuki contestó en su lugar —Lucifer fué de los primeros eidolons. Gea, la creadora de todas las cosas y Lucifer, quien se dice es el portador de la destrucción. Algunos relatos antiguos en aura cuentan que lucifer es en realidad el guardián de la creación mientras Gea descansa en el interior del cubo. Su trabajo es protegerla/o y, llegado el momento, destruirlo para producir nueva vida

Ella lo pensó durante unos segundos —Pero el lucifer delante de mí, no parece alguien que proteja al cubo— remarcó, para luego añadir —Si algo, más bien lo odia

Los ojos rojos de lucifer se posaron en ellas, llenos de ira —Eso es porque yo odio a los humanos— declaró con todo el peso de sus palabras —Gea sabe de esto, y temiendo lo peor me encerró para siempre, aislado de la creación— Caminó alrededor con lentitud, mientras recordaba el pasado con resentimiento —Los humanos solían ser tan sabios, criaturas tan puras y llenas de determinación. Pero su avaricia no tenía fin, y con el tiempo los fue destruyendo. Matándose entre ellos mismos indiscriminadamente, no habían personas inocentes o culpables, solo interés individual— Gritaba cada vez más alto, encarándolos a todos —Desde entonces los despreció, han destruído la creación y aún así Gea se rehúsa a exterminarlos ¡No lo entiendo!— Se rió de manera sínica —¡Pero ya tampoco me importa entender!— Hizo un ademan exagerado con sus manos y prosiguió —Porque el destino es inevitable... La destrucción me llama...y yo debo acudir!

Los ojos de los presentes se abrieron con asombro, temiendo lo peor. Las señales ya eran vistas desde hace mucho tiempo. ¿El fin estaba cerca? el pánico comenzó a estallar. mientras lucifer solo se reía de sus reacciones, importandole nada...

"¡No!"

Se escuchó una voz hablar claramente en la habitación.

"Todavía no es el momento..."

Era una voz femenina, suave y frágil....

"Lucifer...Tu no entiendes a los humanos, es por eso que los odias"
"Traté de evitarlo, pero solo lo empeoré..." Se escucharon sollozos para luego una pausa y agregar.
"No cometeré el mismo error, El destino será quien se encargue de hacerte entender"

Ante aquellas palabras suaves un pequeño hilo dorado se ató a la muñeca de lucifer, Al tiempo que otro igual aparecía en la muñeca derecha de Maggie, quien no pudo sino solo observar, incapaz de interrumpir aquello. A su alrededor era como si todo se hubiese detenido, El tiempo estaba congelado. Y los brazaletes dorados en sus manos se conectaron, creándo un vinculo del que lucifer, sin duda alguna, no podía escapar esta vez.

"Tu vida esta ahora ligada a la de esta joven" habló la voz.
"Espero que en tu nuevo viaje, encuentres aquello que de verdad buscas, Lucifer"
"Este contrato no será roto, ni por mí, ni por nadie"
"Hasta que la diosa despierte...."

La voz fué desapareciendo junto con el cuerpo de un Lucifer aterrado, que se desvanecía lentamente, mientras en la mano de la joven enviada de Gea, una llave dorada comenzaba a formarse.

Era el comienzo de todo.
Y el fín de una época.

Continuará...

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