jueves, 5 de noviembre de 2015

Ilusiones

Se sentía...Humillado.

Corría por los pasillos de aquella maldita mansión, aquel lugar lleno de pecados, lujuría y traiciones. Aquel lugar donde siempre, siempre, transcurría aquel endemoniado juego sin fín, el mismo juego al que él había sido arrastrado, el mismo juego donde había arrastrado a muchos inocentes...El juego que había destruído el mundo que conocía.

Estaba confundido, resentido, se odiaba a si mismo. ¿Acaso todo lo que dijo aquella bruja era verdad? ¿Con qué cara iba a mirar ahora a aquel que era su amado? ¡Todo este tiempo, TODO fue mentira!

No podía ser cierto.
El lo amaba de verdad.

Pero también el mismo lo había puesto en peligro.

Las palabras de la bruja eran claras en su mente mientras corría y corría, ignorando sus lágrimas, ignorando la voz desesperada que lo llamaba a la distancia, intentando en vano alcanzarlo. Aquello no hacía mas que comprobar que todo era cierto, que él mismo era una mentira, un traidor, al igual que los dueños de esa maldita mansión, al igual que la familia Ushironomiya.

El era un producto del pecado.

Recordaba su pasado, o lo que creyó era su pasado, con un peso en su pecho muy dificíl de llevar. Sus padres no eran sus padres. Según lo que él conocía, su madre era Natsuhi Ushironomiya, y su padre era Krauss Ushironomiya. ¡Que gran mentira! Si, por supuesto que él era un Ushironomiya, en eso no había duda alguna, pero ellos no eran sus verdaderos padres. El solo era la carga del pecado de la famila. El pecado de su propio padre-abuelo: Kinzo Ushironomiya. ¡Él muy bastardo había violado a su propia hija! y el era el producto de ese pecado: Un hombre sin aparente sexualidad definida. Constantemente burlado por el aparente misterio de su género: Sin saberse hombre o mujer. Aparentemente, su género es masculino, o eso indicaba su cuerpo. Pero su cara y otras fracciones denotaban feminidad. Tal vez por eso siempre se sintió acomplejado. Tal vez por eso siempre quiso destacar como persona, como hijo, como hermano, ser perfecto.

Tal vez así todos dejarían de cuestionar su género.

Pero la llegada de él lo había cambiado todo, La llegada de Willard.

El no lo cuestionaba, al contarío, toda palabra que salía de su boca no hacía mas que llenar su corazón, sus falencias, darle seguridad en lo que era y debería ser. Llenándolo constantemente de orgullo, un orgullo que nunca pensó sentir preso del nombre de su propio apellido.

Lo amaba como nunca pensó amar a nadie.

Y ese amor estaba destruido ahora.

¿Cómo podía permitirse amarle? Si todo esto comenzó por su propia culpa:

Investigando el caso de la muerte de beatrice, Willard y el se aventurarón en un misterio que no debería haber sido descubierto. Un misterío de brujas y mágia. Asesinatos y traición. Entre más indagaban, más preguntas surgían, hasta que finalmente la verdad fue revelada por un inesperado expectador, una existencía que el mismo desconocía, más sin embargo siempre estaba presente en las sombras.

Y esa existencia era él mismo.

Manifestado a través de una bruja llamada Clair. Una existencía conjunta a la de él mismo "Yasu" reveló que él mismo, era el asesino de Beatrice, y que él y Yasu erán una misma entidad...

Y yasu era un asesino.

"Si tu existes, la bruja Beatrice no existe...Tu existencia mató a Beatrice"

Su sola existencía era un pecado, ahora, al final, se descubría también un asesino. ¿Cómo podría estar al lado de Willard? No podía, no se lo merecía, aunque el mismo no estuviese conciente de todo aquello, no era una excusa, el había matado gente, no como él, Lion, si no como Yasu. Una parte oscura de él que desconocía.

-¡Lion!- La voz de Willard se escuchaba cada vez más cerca.

Quería huír, quería que el mundo se lo tragase: Magia, asesinatos, lo que fuera, el no sabía nada de eso, y aún asi era su propio pecado. Solo quería olvidar todo. ¡Y el que hace tan solo unas semanas estaba orgulloso de saberse el sucesor de aquella maldita famila, su familia!

-¡No me sigas!- gritó, con voz queda y quebrada -¡Olvidate de mi! ¡Solo soy un vil asesino!-

Solo haber escuchado eso de aquella maldita bruja, y huyó de aquella habitación con el mundo en pedazos.

-¡Escuchame!- La voz de Willard resonó mas fuerte, y lo siguiente que sintió fue una cálida y fuerte mano tomar su brazo con fuerza, causando que se detuviera -Tienes que escucharme...- él estaba sin aliento, seguramente por haberlo perseguido todo ese tiempo.

-No creo que tengas que hablar nada con un asesino como yo...- sentía las lágrimas calientes bajar por sus mejillas, nublandole la vista. Su cara permaneció oculta,  evitando encontrar la mirada del cazador.

Esas mismas manos que sostenían su brazo lo habían protegido desde el principio.
Manos que el había puesto en peligro.
Manos que ahora mismo lo abrazaban...

En algún punto durante el silencio que se habia formado, Willard lo había atraído hacía si, abrazándole como si el mundo dependiera de ello, acariciándolo en un efectivo intento de calmarlo, susurrandole palabras de alivio llenas de amor...

-Está bien- decía con voz afectuosa -Todo estará bien...-

Willard no era particularmente del tipo hablador, es más, cuando se conocieron rara vez cruzaban palabra. El no decía mucho, pero sus acciones lo demostraban todo, y eso era lo que le encantaba de él. Esa capacidad de comunicarse sin abrir la boca, de expresar todo con solo una mirada. Claro está. es también gracias a ese estúpido juego donde fueron arrastrados, que sus corazones se encontraron. Que Willard se abrió a el.

Incluso cuando se enteró que sus padres no eran sus verdaderos padres, que su verdadera madre también era su hermana, y que su abuelo era también su padre. Fue gracias a Willard que se mantuvo firme, cuerdo. Fue gracias a él que su mundo permaneció estable.

-Yo no te culpo- Le escuchó decir gentilmente, mientras suavemente lo alejaba de si para mirarle, buscando su rostro, cosa que el rehusó. -Mírame- le ordenó.

Pero él se negaba. Y asi hubiese permanecido de no ser por que una de sus manos viajo a su mentón, haciéndole levantar el rostro y finalmente observar sus dorados ojos, a través de su visión borrosa.

-Willard...- empezó a decir, mas el dedo de su mano libre calló sus labios.

-No es tu culpa- empezó el otro, mirándole fijamente con afecto al tiempo que limpiaba sus lágimas -No podías controlarlo, y de haberlo hecho, estoy seguro que nada de esto habría pasado. Yo creo en tí y en la persona que tú eres. Que tu y el tal Yasu sean uno mismo no los hace iguales, pues el hecho de que tu no recordaras nada, ni estuvieras al tanto, demuestran que aunque quizás sean el mismo, al tiempo son diferentes- Explicó mientras le dedicaba una sonrisa amable, solo aquello bastó para que su corazón latiera en regocijo.

Más lagrimas cayeron por sus mejillas, esta vez de vergüenza y felicidad.

-Soy igual que ellos- le reclamó -Quizás peor. ¿Cómo puedo estar a tu lado de esa manera? ¡Ya no tengo nada de lo que estar orgulloso! ¡Toda mi realidad era una mentira!- Sus puños viajaron al pecho del castaño, que solo los recibió, no le dolían, pero lo que si le dolía era ver a su pequeño Lion destrozado. Lamentándose. Y todo por culpa de Bernkastel. Seguramente ella había planeado todo esto como venganza contra Beatrice-Lion.

-No todo fue mentira...-Su voz sonaba suave y calmada -Estoy seguro...-Su mano tomó uno de los rubios mechones de Lion- Que tus sentimientos por mi son auténticos- y lo atrajo hacía sus labios, depositando un beso en él.

-Oh Willard...-Susurró el otro, sus mejillas ardían en un adorable carmín. -Lo único real en toda esta ilusión que fué mi vida, eres tú- sus delicadas manos se posaron en las bronceadas mejillas del otro, mientras lo miraba fijamente a los ojos -Tú eres lo único bello de toda mi vida- sonrío.

El ojidorado tomó sus manos en las suyas, besándolas también sin apartar en ningún momento sus ojos de los grises de Lion.

-Te amo- le dijo, sus ojos ardiendo en pasión y afecto -No me importa tu pasado, ni los demás. Solo sé que te amo y no puedo evitarlo-

Su mano viajó a la delicada y curva cintura del rubio, atrayéndole. Mirándo profundamente a sus ojos, mientras su propio rostro se aproximaba cada vez más al contrarío. Hasta sentir su respiración rozar la contraría, y viceversa.

-Por favor no me digas eso...- Murmuró en un tono que sonaba a súplica -No podré...Renunciar a tí-

-Yo no quiero que renuncies, No quiero separarme de tí- Le contestó, mirándole con decisión -Y te lo digo ahora, no pienso permitir que lo hagas, no importa el qué, ¡no voy a separarme de ti!-

Y justo al finalizar de decir aquello, acortó la pequeña distancia que los separaba, sintiendo, por primera vez, aquel pedazo de cielo inalcanzable que eran los labios de Lion. No se había atrevido a tocarlos antes por respeto y por miedo, pero ahora que sus sentimientos eran claros, ya no hacía falta contenerse.

Eran suyos, y él iba a saborearlos hasta saciarse.

-Mnnnh...- Un ligero gemido escapó de los labios de Lion, mientras luchaba por seguirle el ritmo a su querido.

-Lion...-susurró su nombre en sus labios, mientras profundizaba aún más el contacto entre ellos -en todos los sentidos- explorando su boca, sus sabores y sensaciones.

Las piernas comenzaron a fallarle. Nunca hubiese esperado que en realidad Willard sintiese tanta pasión hacía él. Afortunadamente, los fuertes brazos del castaño lo soportaron, mientras lo arrinconaban en la pared mas cercana al estrecho pasillo.

-Te amo- le confesó, aún sintiendo en el fondo que no debería -Incluso si esta mal, no puedo detenerlo, te amo más que nada en el mundo Willard- había interrumpido el contacto para decir aquello, pero valió cada segundo lejos de los labios del otro, la expresión de Willard al oír aquello era más que encantadora.

Y para willard, La de Lion lo era aún más. Con sus rosados y carnosos labios ligeramente húmedos, el carmín tan pronunciado en sus adorables mejillas y sus ojos... que parecían decirle incluso más que las pocas palabras que el propio había pronunciado. Era sexy...y dulce a la vez.

Lo suficiente como para llevarle al límite.

Lo beso de nuevo, solo que más avídamente. Su lengua se deslizó entre la boca contraría, buscando, explorando aún más. Sus manos, irrespetuosas en estos momentos, bajaron cerca, muy cerca del delicado y sexy trasero de Lion, apretando ligeramente una de sus nalgas, a lo que el otro dió un pequeño respringo.

-¡Willard!- Le reclamó, su rostro completamente rojo.

-Es tu culpa...- le reprochó el otro, lamiendo su oreja y descendiendo tentadoramente por su cuello con la misma, hasta morderle en determinado lugar -Si me pones ese tipo de expresiones no podre controlarme- confeso, ladeando el rostro para mirarle ligeramente a los ojos -Honestamente tengo ganas de hacerte mío aquí y ahora-

El rostro de Lion se enrojeció aún más, por imposible que pareciese.

-No...- con todo el dolor de su alma tenía que negarse, había cosas por hacer -N-No podemos ahora...-

La expresión aproblemada del pequeño le sacó una sonrisa al castaño, mientras se reincorporaba y ponía una de sus manos en la rubia cabeza del otro -No te preocupes, entiendo- afirmó, mirandolo con gentileza -Dejaremos eso para después, ahora tenemos que terminar con esto-

Lion Asintió.

-Debemos...Terminar esto, y tenemos que lidíar con Bernkastel- un pequeño escalofrío recorrió su espalda al pronunciar aquel nombre. De todas las brujas, ella era la peor.

-Tranquilo- Lo reconfortó el otro -No importa qué, te protegeré, tal y como lo he estado haciendo todo este tiempo-

Y, con las manos entrelazadas y ánimos renovados, los dos partieron a terminar el juego.

Lion, a terminar con su pasado, sus pecados, y esa cadena de dolor que lo perseguía.
Willard, a terminar la maldición que asotaba a lion. Y sin saberlo, a liberarlo de un trágico final.

Incluso aunque todo parecía en su contra, los dos superaron habilmente los acertijos de la bruja. Incluso cuando la balanza se inclinaba en desventaja, ellos no vacilaron. Incluso cuando la injusticia de la trampa los confrontó, ellos siguieron adelante.

Bernkastel, la bruja de los milagros, aquella que puede ver todas las posibilidades, no podía con ellos.
Aunque hubiese previsto matarlos, aquello nunca ocurrió.

De esa historia, existen muchas versiones, todas sin un final claro.
Hay quienes dicen que ellos derrotaron a Bernkastel, atraparon el fragmento feliz. Y salieron victoriosos, continuando con sus vidas mientras juntos caminaban hacía un nuevo y brillante futuro.

Otros, que la bruja vió como un desperdicio eliminarlos, y los convirtió en sus peones, para servirles durante toda la eternidad.

Rumores de que en realidad murieron, asesinados por Bernkastel son escasos, e imprecisos. Pues algunos piensan que, al ser Lion "Yasu", también era "Beatrice" La bruja interminable, él era el único con la clave para el verdadero final.

Que incluso ahora, solo ellos dos conocen.

Lo único claro es que, su amor, era quizás su única salvación.

-Claire.-

Fin.

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