*O*O* o *O*O*
Aún podía recordarlo, el frío invierno, la ventisca, sus ojos vacíos posados en aquella escena sacada del mismisimo infierno. Lo recordaba claramente, todo el tiempo, en su memoria, aunque aún no lo quisiera recordar, las imágenes simplemente aparecían como si se tratase de una película vieja y borrosa que por más que quisiese olvidar no podía.
Sus cabellos rojos se mecieron a causa del viento, recordandole que no estaba solo en aquel lugar, estaba allí con alguien importante, no sabía cuando, no sabía como, simplemente estaban allí. Antes de atreverse a confesarle todo aquello que lo atormentaba se permitió recordar. Recordar el preciso instante en el que su vida...cambió.
*Hace 15 años....
Un pequeño niño de cabellos rubios jugaba tranquilamente en la terraza de su casa. Notaba el ajetreo en el barrio y los camiones llegando con algunos muebles, al parecer, llegaban nuevos vecinos. Le entusiasmó la idea de que, quizás, tuviesen algún niño que se pudiese convertir en su nuevo mejor amigo. estuvo jugando con su pelota durante un buen tiempo, expectante a la llegada de los nuevos inquilinos.
-¡Naruto!- la voz de su madre se escuchó desde dentro de la casa -¡Entra, la comida ya esta lista!-
-Voy mamá...- contestó el pequeño un poco desanimado. No quería perderse la llegada de los vecinos, aunque...si comía rápido podía verlos ¿verdad? sonrió con ese pensamiento en mente mientras se adentraba en su hogar.
No se percato del carro negro que acababa de estacionarse en la casa de enfrente, ni mucho menos del niño de cabellos rojizos que rodeaba su edad bajarse del auto. El siguio adelante, ignorante, de que un rayo de sol estaba pronto a entrar en su vida...
...
Finalmente, un nuevo día llego para la escuela primaría Konoha. Alegres niños corrían por todas partes, jugando y peleando, creando vínculos incondicionales con aquellos amigos con los que compartirian gratos recuerdos. A simple vista, era un panorama escolar normal, pero no todos eran felices ¿No es así?
Naruto había entrado a su salon de clases, percatándose, de que había un nuevo inquilino sentandose en la silla que antes estaba siempre vacía a su lado. Su pecho latió con fuerza al imaginarse las posibles razones ¿Le harían Bullying? ¿O sería...un estudiante nuevo? camino tranquilamente saludando a los pocos amigos de los que disponía y ocupando su lugar. Su mirada viajó a su nuevo compañero que observaba el todo y la nada. Pero que ojos más hermosos y vacíos tenía.
Aunque su expresión no demostrara mucho, pues permanecía seria, sus ojos si que decían lo que el no quería expresar, y lo que naruto veía en esos ojos celestes era una profunda tristeza, tanto, que se le encogío el pecho solo de mirar su perfíl. Sus cabellos rojizos y reveldes estaban un poco descuidados, su cejo, fruncido, en lo que parecía ser una expresión de desagrado.
Oh oh, lo había mirado tanto tiempo que el contrario se había percatado.
-¡Buenos días mis queridos estudiantes!- una voz alegre y llena de mucha energía hizo eco por el salón, a lo que un hombre mayor entró dando brincos y pequeños bailes -¿Están listos para el poder de la juventud?- finalizó con un guiño.
-¿Eh? ¿Juventud?- al pequeño rubio casí se le cae la quijada de ver al que sería su profesor por el siguiente año escolar -Mas aún...no le da verguenza hacer eso...con lo viejo que está...- bufó por lo bajo soltando pequeñas carcajadas.
-¡¿Quien dijo viejo?!- Whoah, de repenté el maestro con corte de cabello rídiculo estaba hecho una fiera, su rostro estaba rojo lleno de coraje -Aunque no lo parezca, el poder de la juventud sigue dentro de mi..- rezongó -Bueno, hoy tenemos un nuevo estudiante ¿Gaara-kun?- preguntó.
-Si, señor- el chico al lado del rubio se levanto, su voz era suave y apagada, pero a naruto le parecio hermosa por eso mismo, una persona tan linda...llena de tanta tristeza ¿porque? -Mi nombre es Sabaku no Gaara, vengo de Hokkaido, un placer conocerlos- el pelirrojo hizo una reverencia luego de presentarse con voz monótona e indiferente, luego regresó a sentarse.
Sin saberlo, naruto seguía cada uno de sus movimientos.
...
-Gaara , ¿Verdad?-
El pelirrojo levantó la vista para observar al rubio de ojos azules delante de el, por un momento pensó haber visto el sol "Es el mismo idiota de esta mañana...el que me miraba como bicho raro" pensaba mientras se debatía internamente entre si ignorarlo o no -¿Quien eres...?- se decidió a preguntar.
-Mi nombre es Naruto Uzumaki!- el ojiazul sonrio radiante mientras le estiraba la mano al pelirrojo que no hacía ni un minimo signo de querer moverse.
Levantó una ceja en exepticismo -¿Y? ¿Quieres un premio o qué?- su voz sonaba irritada, por lo que naruto frunció el entrecejo.
-No tienes que estar taaaan a la defensiva, señor no-me-miren-ni-me-hablen- el rubió se sentó atrevidamente junto a el -¿Porque estás asi? ¿Quieres pasar el resto de la escuela solo?- su voz salió suave pero comprensiva, y el pelirrojo no sabía porque, pero algo dentro de él se movió.
-Es mejor estar solo que rodeado de hipócritas- con cada palabra que salía de su boca, Gaara parecía estar escupiendo veneno.
El periodo de clases había terminado y él y naruto eran los único que quedaban en el salon mientras los demás tomaban su receso, no se explicaba que hacía aquel testarudo ahí hablándole cuando podía estar allá afuera recochando y divirtiendose con sus amigos ¿Porque tenía amigos, verdad?
-Mnnh...bueno te comprendo- Naruto asintió varias veces con la cabeza -Pero sabes...nunca sabrás como es realmente una persona hasta que intentas conocerla-
Esas palabras causaron que los celestes ojos del pelirrojo se abriesen en asombro, una mirada al perfíl bronceado del rubio y de repente, el mundo parecía haberse detenido. Dios, esa era la sonrisa más deslumbrante que alguien le hubiese dedicado hasta ahora, sincera, sin ningún atisbo de oscuridad. Y más que molestarse por ello...más que envidiarlo, Gaara se sentía facinado.
-Si- contestó.
-¿Qué?- el rubio parpadeó dos veces, desconcertado.
-Que sí, que mi nombre es Gaara, pedazo de idiota- el pelirrojo sonrio ladino, y de manera sarcástica.
Y por primera vez en todo ese día, naruto sintió su pecho llenarse de alegría, tanto, que no lo pensó dos veces para tomar las pálidas manos del ojiceleste y apresarlas fuertemente para luego decirle -¡Encantado de conocerte, Gaara! ¡Seamos amigos!-
Dos frases en una sola oración que el nunca esperaba escuchar.
Y solo esas dos frases era lo que necesitaba en esos momentos.
Desde entonces, el rubio y el pelirrojo se volvieron inseparables. Gaara era bueno academicamente, mientras que a naruto solo se le daban bien los deportes, el uno complementaba al otro, y se ayudaban mutuamente. Poco a poco, y sin que el mismo se diera cuenta, el encanto, entusiasmo y energía del rubio se fueron colando poco a poco dentro de Gaara, animandolo, regresandole, sin saberlo, aquello que el había perdido aquel frío invierno...
-Pero es una sorpresa- Comentó el ojiazul, caminaban tranquilamente por la avenida luego de salir de la primaria, estaban a solo semanas de graduarse y pasar el curso -No me imaginaba que tu eras mi vecino, el que tanto quería conocer-
Ahí estaba de nuevo, esa sonrisa zorruna..
-No le veo lo genial- respondió el contrario intentando simular un tono indiferente -Solo somos vecinos, y antes de eso, solo era un desconocido-
-Un desconocido que estoy encantado de conocer- concluyó naruto, arráncandole un sonrojo a Gaara.
-Eres un extraterrestre- le bromeó, mientras le daba un leve codazo en el brazo, a lo que naruto se carcajeó.
Sus tardes coíncidian en eso, hablar de todo un poco mientras bromeaban y caminaban a casa. Luego hacian planes de reunirse en la casa del otro a matar el tiempo entre películas y videojuegos. En un principio Gaara lo encontraba de lo más fastidioso, pero luego de un tiempo se había acostumbrado.
*O*O* 13 años después *O*O*
-Ack- Gaara se encontraba frustrado mientras observaba a los demás trabajar en clase con el libro de trabajo. Por desgracia para el, no contaba con ningún tipo de apoyo o soporte de su padre, y su única salvación era el rubio, que por desgracia no se había presentado hoy.
¿Estaría enfermo? aunque odiase admitirlo, se sentía un poco preocupado, también estaba esa extraña sensación de vacío, tanto en su pecho, como en el salón de clases...pese a estar repleto de sus compañeros.
Lo extrañas.
Le dijo una voz en su cabeza, esa voz que ultimamente estaba muy presente cuando se trataba de temas que involucraran al rubio, y valla que lo irritaba esa dichosa voz. El claramente no extrañaba a nadie. Suspiró exasperado a lo que el profesor carraspeo la garganta para llamar su atención, hacía varios minutos que estaba en su propio mundo.
-Joven Gaara ¿Y su libro de trabajo?- preguntó en un tono de molestia controlada Gai.
-Soy pobre, así que no he podido adquirirlo- se excusó con una expresión de pocos amigos y un tono más altanero del que hubiese querido.
Lo último que pudo sentir fue el ruido sordo del libro de trabajo del profesor estampado contra su mesa -Trabaje- fueron sus ultimas y autoritarias palabras antes de regresar a su escritorio y seguir calificando a los que iban terminando.
Si, definitivamente seria un día muy largo...
...
El timbre de su casa sonó varias veces, al parecer, sus padres no estaban pues seguramente ya alguien habría ido a atender la dichosa puerta. Su cuerpo se sentía pesado, estaba cansado y lo atormentaba la fiebre más molesta del universo, sin exagerar.
Sus pasos lentos y tranquilos, pese a querer correr escaleras abajo, hicieron eco en toda la casa -Ya voy- habló lo mas alto que pudo, mientras baja escalon por escalon. Un pie, luego el otro y así sucesivamente hasta que porfín llego al primer piso. La persona que estaba del otro lado de la puerta era la que quizás menos se esperaba encontrar.
-¡Naruto!- sintió sus palidos brazos rodearle en un abrazo mientras su cuerpo, un poco delicado, se estremecía, algo poco habitual en el -¿Que haces fuera de cama? Estás ardiendo...- su voz era apenas un susurro, que en vano ocultaba la preocupación que sentía.
-¿Gaara...? ¿Que estás haciendo aqui?- preguntó el ojiazul correspondiendo a su abrazo. No sabía si era debido a la fiebre, pero el pelirrojo sintió esos brazos muy cálidos y reconfortantes.
-Ah, lo siento- le respondió, regresando a sus sentidos. Había corrido desde su casa, ignorando los regaños de su hermana mayor a preguntar cualquier cosa acerca del rubio, no esperaba verlo en la puerta, había perdido el control...
Las cejas de naruto se alzaron, su expresión mostraba que esperaba algo...ah si, una explicación.
-No fuiste a clases...-fué todo lo que salió de la boca del pelirrojo mientras su expresión se contraía en una de ligera verguenza.
-Estoy enfermo- naruto se movio un poco abriendo la puerta completamente -Pasa-
El pelirrojo obedeció adentrándose en el hogar del que podría ser, quizás, si no fuese tan obstinado, su mejor amigo. Su casa no era nada particular, estaba limpia, ordenada, sencilla. había un ligero aroma a canela en el ambiete, seguido por la fragancía de las flores que estaban en cada rincón del lugar, seguramente cortesía de la madre de naruto. Lo que le recordaba...
-¿Y tus padres?- preguntó con el ceño fruncido tomando asiento en el sofá de la sala.
-Parece que salieron- contestó el otro sentándose junto a el, a una distancia prudente -estaba dormido así que no me di cuenta-
-Eres un idiota- y allí estaba, otra de las tan cariñosas demostraciones de afecto de Gaara, si, podía sentirse mal, salvo que cuando lo insultaba, una sonrísa apenas perceptible aparecía en sus labios, una sonrisa que secretamente, naruto atesoraba. -¿Que has tomado para la fiebre?-
-Mama me dio unas pastillas y un té de hierbas- el rubio se dejó caer en el espaldar del sofá, cansado y mareado.
-Tal vez debería irme, ahora ya te ví y se que estás bien asi que...- Gaara hizo intento de levantarse, pero unas manos cálidas y no tan fuertes como lo eran habitualmente lo hicieron caer de nuevo sentado en el sillón -¿Naruto..?- preguntó al sentir, de repente, su melena puntiaguda en su espalda.
-Quedate...- su voz salía como un susurro, sonaba tan fragíl, que no podría negarse aunque lo hubiese querido. No se movió más, sintiendo sus latidos acelerarse sin aparente razón alguna.
Solo eran los dos, en silencio, un silencio que compartían, solamente sintiendo al otro.
-¿Y...?- la vos de naruto cortó aquel silencio.
-¿Y qué..?- Aunque en su tono habitual, la voz de Gaara demostraba desconcierto.
-¿Que pasó?- El cuerpo del pelirrojo se tensó al oír aquellas dos palabras, sintío las manos de naruto en su hombro, girandolo lentamente para que lo encarase, por lo que sus ojos viajaron al florero que estaba en la mesa.
-¿De que hablas?- intento, en vano, sonar normal.
-Por favor Gaara, ni siquiera me estás mirando- bufó el ojiazul, tomado su mejilla para hacer que lo mirase -Estabas temblando cuando llegaste aquí y encima tienes esa extraña expresión, no es habitual en tí- Sus ojos azules brillaban con determinación y profunda preocupación y aprecio. por lo que Gaara ya no pudo esconder más sus inseguridades.
-Tuve un mal día- confesó -Estoy cansado, Naruto, cansado de no tener nunca lo que necesito, de tener que valerme de mis hermanos y solamente ser una carga... No eh querido preocupar a temari con los gastos escolares así que no le dije que necesitaba los libros de trabajo. Hoy el profesor me los ha pedido y no los tenía...creo que se enojó-
-Pero no es tu culpa...- El rubio lo miró comprensivamente, su voz sonaba gentil -El tiene que entender que no todos tenemos..eh...¿la capacidad adquisitiva? para tenerlos- se razcó la nuca en un gesto despreocupado, no estaba seguro si esa era la frase.
Una ligera risa escapó de los labios de Gaara, naruto intentando parecer inteligente, quien lo diría.
-No es suficiente..- contestó luego, con un semblante de ligera tristeza.
-Gaara...-
El silencio volvió a reinar en la habitación. Aunque Gaara nunca le hablo de ello, por razones personales. Aún así naruto sabía que el pelirojo tenia una situación económica y familiar delicada. Donde quiera que mencionaban a sus padres, Gaara se cerraba completamente, sin ningún tipo de explicación, incluso naruto, aún no había podido pasar esa barrera. ¿Como podía hacer para que se sintiese mejor? Una sola idea afloró a su mente.
-Gaara- el rubio lo llamó con voz gentil, a lo que el pelirojo alzó la vista, encontrando la mano de naruto delante de el, solamente enseñándole el dedo meñique.
-¿Que..?- Gaara lo miro incrédulo -Ni creas que...-
-Solo hazlo- lo interrumpió naruto con una mirada de determinación, Al Sabaku no le quedó de otra que aceptar a regañadientes.
Juntó su pálido meñique con el bronceado de naruto, para luego escuchar la cosa más inesperada, infaltíl, y aún así hermosa que alguien le hubiese dicho.
-Todo lo mio es tuyo y lo tuyo mio, por la ley de la cabrita- el rubio sonrió ampliamente ante la expresión de sorpresa de Gaara.
-¿Qué?-
-Anda, perdere apropósito por ti, mira- sacó un pequeño libro de la mesa contigua al sofá, que era donde guardaba los libros de trabajo al llegar a casa -Te lo doy por una semana que es lo que estaré en cama por órdenes del doctor-
-Naruto...- por primera vez en mucho tiempo, el pelirojo sintió sus ojos arder, anunciando lágrimas que el, para nada quería. Sus ojos se volvieron expresivos, haciendo que las mejillas de naruto se inflaran en una sonrisa, teñídas de un tenue carmín.
-Sin peros- le recordó.
Gaara tomó el libro, a sabiendas de que el juego ni siquiera se jugaba así, cosa que le arrancó una sonrisa, en su interior, estaba cálido, lleno de un sentimiento que el mismo no podia describir, pues no se parecía a nada que hubiese experimentado antes.
-¿Y donde quedo lo de "¿De quien es?" ?- le preguntó de manera complice.
-No lo necesitamos ¿Verdad?- Otra sonrísa y las mejillas de Gaara volvieron a tornarse carmesí.
Lo siguiente que naruto supo fueron los labios de Gaara presionandose con los suyos.
Todo pasó en una fracción de segundo, primero estaba riendo tranquilamente, luego la mano de Gaara lo tomó por la nuca, y lo próximo que sintió fueron unos suaves labios sobre los suyos. Por muy sorpresivo que fuese, había algo que le confundía...Algo que estaba muy claro, en medio de toda aquella confusion.
Y era que aquello no le desagradaba.
Una vez los labios del pelirojo partieron, el ambiente sufrió un cambio. El rostro de Gaara, pese a estar ligeramente rojo, lo seguía mirando fijamente. Aún estaba lo suficientemente consiente como para saber que su expresión se había congelado en una de asombro, y que sus mejillas ardían en color rojo por algo más que la fiebre.
-Naruto, Yo...- Gaara intentó hablar.
-¿Que acaba de pasar...?- preguntó, aún atónito.
-¿Eh...?-
-¿Nos besamos, verdad? ¡Nos besamos!- finalmente parecía que naruto salía del shock de hace unos segundos -¡Somos hombres! ¡Y nos besamos!- llevó sus manos a su boca, sintiéndose repentinamente aún mas avergonzado que antes.
-Naruto...-
-Estábamos hablando, luego, luego....- todo pasaba por su mente rápidamente, como un montón de recuerdos que te llegan luego de haber pasado una noche de videojuegos y acostarte tarde. -Gaara...- naruto lo miró como buscando una explicación.
Aún así, paceía absorto por sus propios pensamientos, por lo que el pelirojo tuvo que zarandearlo para traerlo a la realidad.
-Creo que me gustas...- le dijo, una vez naruto había puesto su atención en el.
-¿Qué...?- No hacía falta ser un genio para saber que estaba desconcertado.
-No lo sé, solo paso...- comenzó a explicarse Gaara -Tengo este extraño sentimiento cada vez que te veo, incluso desde el primer día, entonces sonríes y siento que no estoy en un mundo oscuro y lúgubre...no me siento solo- Los ojos celestes lo miraron fijamente -No puedo seguir fingiendo que solamente es amistad...-
¿Huh? ¿Que era esto?
Se parecía bastante a lo que Gaara estaba describiendo.
-Nos conocemos desde hace poco, lo sé- se recordaba - pero no se como explicarlo, luego de lo que pasé me sentía muerto y ahora...ahora me siento vivo, gracias a tí- suspiró, como libreandose de un secreto que lo atormentaba -Tu sonrisa me salvó-
Y justo delante de sus ojos estaba pasando la cosa más extraordinaria de su vida.
Por primera vez estaba viendo, la más sincera y amplia sonrisa en los labios de Gaara.
Y aquella visión, era sencillamente hermosa.
Una presión se hizo presente en su pecho.
-¿Naruto...?- Gaara lo observó con preocupación al ver su expresión de dolor -¿Que tienes?
-Tú- Respondio, observando la expresión de confusión del contrario -Eres tan hermoso que me duele-
No hicieron falta más palabras.
Como por instinto Gaara había atraído al rubio hacia el, su mano libre se poso en su mejilla, acercando su rostro cada vez más, sintiendo su calor, no solamente aquel que era debido a la fiebre, que ahora era más ligera.
Las manos de naruto recorrieron su espalda, mientras lo abrazaba, la piel de Gaara era fría, pero no le importó, sus manos descansaron en su rostro, y una vez sus labios se juntaron en un beso más apasionado, estas pasaron a jugar con su rebelde cabello, ese carmesí que tanto le encantaba.
Gaara era como una jugosa manzana nacida en pleno invierno, por muy absurdo que sonara aquello.
Mientras seguían besándose y sintiéndose, ninguno de los dos se dió cuenta cuando sus camisas ya estaban lejos, en el piso, y la parte superior de sus cuerpos expuesta. Las manos de cada uno explorando el cuerpo del otro, deleitandose con cada sensación, con cada roce, y con cada suspiro que caprichoso, escapaba de sus labios.
-Espera, espera..- Naruto puso una mano entre ellos, separándolos -¿Quien va a ser el de abajo?-
-¿Eh?- Gaara se quedó perplejo al escuchar aquello.
-¿Que quien vá a recibir? - los ojos de naruto se encargaron de hacer llegar el mensaje, a lo que gaara solo rió tranquilamente.
-Obvio yo no, no se me da bien ser sometido- Ahí estaba de nuevo su actitud arrogante, y ciertamente, rebelde.
-¡No es justo Gaara!- protestó el rubio, y justo cuando se disponía a reclamarle, los labios del pelirrojo se juntaron con los suyos nuevamente, de manera apasionada, y con lengua incluida -Mnnh- el rubio luchaba por aliento, cosa que no le concedieron hasta que Gaara, satisfecho, lo dejó respirar.
-Con esto queda más que claro que soy el indicado para el papel- una sonrisa orgullosa se posó en sus labios, al mismo tiempo, gentil, tanto, que naruto pensó que se derretiría ahí mismo.
No quiso protestar mas.
Tomando su silencio como afirmación, Gaara lo empujó suavemente, recostándolo en el sillon.
Nuevamente retomando su trabajo.
Sus labios se presionaron contra el bronceado cuello, succionando, dejando pequeñas marcas a medida que bajaba, solamente para luego lamerlas de manera seductora. Naruto se dejaba hacer, sintiendo sus ojos borrosos de manera repentina, su cuerpo estaba lleno de muchas sensaciones extrañas que aún no había experimentado y no sabía que nombre darles...
Fría, la lengua de Gaara estaba fría, mientras bajaba cada vez más hasta llegar a su pecho, y desviarse, solamente para lamer unos pequeños botones que sobresalian, succionandolos y por que no, dándoles una pequeña mordida de vez en cuando.
Aquello hacía que la voz de naruto quisiese salir, pero el no lo dejaba.
Su mano presionó su boca fuertemente, acallando los gemidos que no debía contener, a menos, a los ojos del Sabaku.
Se distrajo de su trabajo unos momentos, solamente para subir a su oido y susrrarle con voz ronca.
"déjame oirte, Naruto..."
Sus mejillas se encendieron en un delicioso carmesí, al tiempo que su mano era retirada suavemente por las de Gaara, seguidas por un beso depositado fugazmente en sus labios.
Sintió las manos de Gaara tratar de remover sus boxers cuando...
-¡¿NARUTO?!- La voz, furíosa y sorprendida de su made hizo eco en toda la casa.
ambos se separaron apresuradamente, buscando su ropa mientras su madre estaba ardiendo en llamas, no se sabía si de ira -que era lo más probable- o cualquier otra cosa que pasara por la cabeza de las mujeres.
...
-Escuchen- Ahora estaban los tres en la sala, bajo la atenta mirada de Kushina, quien tenía una ligera vena en la frente, demostrando, efectivamente, cólera -Entiendo que están en esa edad de las hormonas y eso- froto sus sienes en búsqueda de paciencia -¡Pero, por dios! ¡Naruto está enfermo y necesita reposo! No comparto tus acciones de hoy Gaara-kun...-
Los regaños continuaban, pero la mente de Gaara estaba en otra parte, reviviendo los recuerdos de hacía solo unos minutos, tan cerca...Demonios había estado tan cerca, y lo habían interrumpido. Ahora tenía ese estúpido y maldito dolor entre sus piernas. Naruto se veía bastante sexy, tanto, que se le había puesto dura con solo lo poco que habian hecho.
Sintió la mano calida del rubio aprisionar la suya, dándole consuelo, probablemente el también se encontraba igual, no le deseaba el mal a la madre de naruto, pero ojalá que cancelaran esa telenovela que tanto le gustaba y pasaban solamente los sábados.
El pensamiento de aquello lo hizo sonreir.
-¡Dobe!- escuchó a sasuke llamarlo de atrás con ese apodo tan molesto que lo irritaba.
...*ACTUALIDAD*...
Naruto suspiraba mientras miraba por la ventana de aquel bus. No sabía porqué recordaba todo aquello. No mucho tiempo después de haber aceptado sus sentimientos mutuamente por el otro, Gaara misteriosamente había desaparecido, sin señales de vida, ni siquiera se despidió.
El rubio no le reprochaba aquello, conociendolo como era, seguramente no quizo hacer la despedida más dolorosa o sencillamente no se le daba bien. Y desde aquello habían pasado ya 10 años. Ahora ya no era un niño, era un estudiante de universidad. Había crecido y bueno, intentó superarlo, pero olvidar a aquel llameante y explosivo niño era algo difícil.
-¿Naruto?- Las orbes negras de un azabache se posaron sobre las suyas, mientras lo mecía suavemente del hombro.
-Ah, lo siento ¿Que decías?- Su mirada viajó de la nada hacia el pelinegro que lo miraba con preocupación.
-Te recordaba que hoy teníamos examen de inglés y que si no querías formar un grupo de estudio durante el receso, antes de la clase- la pálida mano del ojinegro viajó hacia las bronceadas mejillas del rubio -¿Estás bien? Te ves algo pálido, y además no tienes esa aura de estúpido que cargas siempre-
-¡Sasuke!- le llamo en tono reprochante, para luego sonreír un poco mientras tomaba su mano y la apartaba tranquilamente -Estoy bien, solo pensaba en cosas...-
-Eh... Así que tu piensas naruto?- Escucho una risotada detrás de el, solo para voltear y encontrarse a Kiba inclinandose burlonamente hacia donde estaba el.
-Me sacaste las palabras de la boca, perro- Los ojos de sasuke brillaron con cierto aire de rivalidad.
-Eh, también estabas aquí niño Emo?- Kiba fingió estar cansado mientras tomaba unos aires de idiota egocéntrico -Ah~ Y yo que pensaba que hoy no tenía que ver tu melena tan fuera de moda~
-Kiba...-Naruto le llamó la atención en un susurro, pero el castaño hizo caso omiso.
Sasuke se acomodó sus lentes ya que segundos antes había estado leyendo un libro. Con el galante orgullo y la pulcritud digna de un uchiha espetó -No te seguré el juego Inozuka- su voz salia monótona, como esa que uso con el mismo naruto el día que se conocieron -Discutir con estúpidos es lo mismo que hablar con la pared, Un desperdicio de oxigeno-
Los puños de Kiba se prepararon para asestar un golpe mortal.
Si, defínitivamente ese sería un dia muy largo.
No mucho tiempo después llegaron sanos a lo que era la universidad de Konoha. Sí, en todos esos años naruto estuvo siempre estudiando en la misma institución, Konoha contaba con una facultad para pre-escolar, primaria, instituto y una posterior universidad con una nueva facultad en construcción. Estaría terminada y funcionando para cuando naruto se quisiese graduar.
Suspiró, aquel lugar estaba lleno de tantos recuerdos.
Cuando Gaara aún estaba en la escuela, en la misma clase que ellos también estuvo Kiba, Neji y Shino. Los tres eran buenos amigos, y de una u otra manera luego de que Gaara se fuera, se convirtieron en un gran apoyo para él. Luego Sasuke se trasladó de una escuela privada a Konoha, y no mucho tiempo después por cuestiones del destino se hicieron amigos, aunque poco o nada tenían en común. La vida daba tantas vueltas...
-¡Dobe!- escuchó a sasuke llamarlo de atrás con ese apodo tan molesto que lo irritaba.
-¿Qué quieres teme?- preguntó el ojiazul irritado, parándose a mitad del pasillo para encararlo con mala cara.
-Aún no terminamos nuestra conversación de esta mañana- le dío un golpe en la cabeza suavemente con el libro que tenía en las manos -Tienes que explicarmelo correctamente..-
Luego de la ardua jornada de clases, obligado por el menor de los uchihas, hicieron una parada de camino a casa en el parque cerca a la escuela. Lleno de revoltosos niños con mucha energía, el mismo sitio donde solía jugar con el pelirrojo y hacer toda clase de travesuras...mierda. En este mundo todo le recordaba a Gaara.
Suspiro a sabiendas de que sasuke lo observaba con el seño fruncido.
-¿Y? ¿Qué quieres que te diga, Sasuke?- Naruto lo miro seriamente, si bien ambos eran amigos, poco o nada sabían del otro.
-Cuentame esa historia- Sasuke se recostó en la banca, sacándose los lentes para mirar al cielo -La que estaban hablando Kiba y Shino hoy-
-¿Hablas de Gaara?- levantó una ceja, incrédulo -Fuímos amigos desde primaria, no es la gran cosa- afirmó, aunque bien sabía que era una mentira -Se mudo cerca a mi casa, el idiota era un engreído, pero nos llevabamos bien- una medía sonrisa se escapó de sus labios.
-Hmmm- el pelinegro no lo miraba, parecía estar pensando detenidamente en algo -¿Y no había nada más?- preguntó, dejando de mirar al azul cielo para mirar las azules orbes de naruto en su lugar. Su mirada indicaba pasión, una que naruto nunca había visto.
-¿Eh?- naruto se sintió repentinamente intimidado -No se de que hablas teme...- rodó los ojos, en un intento de evitar ser descubierto -Además, me estás asustando-
Sasuke frunció aún más el ceño mientras lo tomaba por la barbilla para hacer que le mirara, su rostro se acercó lentamente al contrarío, que no podía apartar la mirada, en su interior, naruto gritaba que se detuviera, pero exteriormente su cuerpo era incapaz de reaccionar, intimidado por el profundo azabache en los ojos de Sasuke. Sus rostros cada vez más cerca, sus labios apenas rozandose, aún no se besaban, pero estaban lo suficientemente cerca como para hacerlo.
-¿Por cuanto tiempo...- comenzó el uchiha -Piensas ignorar lo que siento?- sus manos ladearon el rostro del rubio mientras depositaba un beso en su mejilla -¿Porque lo sabes, verdad Naruto?- y posteriormente lamer suavemente su oreja.
A naruto lo recorrió una extraña corriente, su cuerpo se tensó, aquello no le gustaba para nada -Ya te dije que no se de que hablas teme- su voz empezaba a denotar enfado, Enfado que sasuke decidió ignorar.
-Je- pronunció el azabache esbozando una sonrisa prepotente, mientras miraba fijamente a su compañero -Hacerte el idiota no funciona conmigo, Usuratonkachi-
Las mejillas de naruto ardieron, no sabía si de verguenza o enfado, lo único que supo es que estuvo a punto de estampar su puño contra la cara del uchiha, de no ser porque vió algo a la distancia, un rojo fuego, largo, no mucho, que parecía buscar algo, perdido. Alto joven de chaqueta negra, no le veía la cara, pero se parecía tanto a el que se detuvo en el acto, como si el tiempo se hubiese congelado para el entonces.
No se dió cuenta cuando Sasuke aprovechó esa pequeña ventaja para atraerlo hacía sí, robándole el aire con sus apasionados besos, intentó reaccionar y apartarlo, pero la fuerza le empezaba a fallar. Cómo una quinceañera experimentando por primera vez algo distinto y desconocido, aunque le molestaba, no le desagradaba del todo. Quería a sasuke, pero no de la manera como éste lo quería a el. No románticamente, si no como amigo, el buen amigo que lo había sorportado.
Sus rodillas fallaron y naruto se deslizaba al piso, hasta que los fuertes brazos de sasuke lo atraparon en el acto, aprisionándolo contra su cuerpo, sin dejar correr el aire entre ellos. Su ofensiva de besos continuó hasta que se hizo necesario respirar. Sus mejillas mostraban un leve carmesí mientras pronunciaba quedadamente el nombre de sus anhelos:
-Naruto...-
Y lo siguiente que sintió fue una cachetada. Bien, eso no dolió.
Luego, y por sorpresa, lo siguiente que supo es que le dolía la quijada.
Alguien le había pegado.
Sasuke estaba en problemas.
Aún podía recordarlo, el frío invierno, la ventisca, sus ojos
vacíos posados en aquella escena sacada del mismisimo infierno. Lo
recordaba claramente, todo el tiempo, en su memoria, aunque aún no lo
quisiera recordar, las imágenes simplemente aparecían como si se tratase
de una película vieja y borrosa que por más que quisiese olvidar no
podía.
Sus cabellos rojos se mecieron a causa del viento, recordandole que no estaba solo en aquel lugar, estaba allí con alguien importante, no sabía cuando, no sabía como, simplemente estaban allí. Antes de atreverse a confesarle todo aquello que lo atormentaba se permitió recordar. Recordar el preciso instante en el que su vida...cambió.
-Escucha- su voz salió en un susurro -Hay cosas que no te he contado, pero estoy más que seguro que ya las sospechabas- Su mirada viajó al cielo, mientras las vivídas escenas se repetían en su mente -Cuando yo era chico, desde que nací, mi padre me culpaba por la muerte de mi madre. Ella tenía un embarazo riesgoso, sin embargo no se entero de dicho embarazo si no hasta que fué muy tarde como para abortar, que era lo que ella quería, estaba asustada y no quería morir- El corazón de naruto se encogía con la historia que le estaban contando -Yo tomé la vida de mi madre, o algo así, y nada más llegar al mundo mi padre intentó matarme-
Un pequeño escalofrío recorrió la espalda de naruto, acompañado por la brisa gélida que acompañaba la historia del Gaara.
-Falló, gracias a que mis hermanos me protegieron- La voz del pelirrojo sonaba melancólica -Pero eso no evitó que me maltratase durante mucho tiempo, e, incapaz de aguantarlo, mi hermana nos tomó a mi hermano y a mí y los tres huímos de casa-
-¿Qué paso con tu padre?- se atrevió a preguntar naruto, sintiendo un extraño nudo en la garganta, la expresión de gaara era dolorosa, y llena de soledad, la misma soledad que años atrás el había alejado.
-Aún me busca, para matarme- afirmó -Solo que ahora está tras las rejas, gracias a Temari, Mi hermana lo denunció, esa fué otra de las razones por la que nos fuímos, venía hacia acá y de alguna manera, me alegro de no haberte involucrado- suspiro, sonriendo de manera triste.
-Gaara...-Los ojos del rubio se humedecieron, en su interior había todo tipo de emociones mezcladas: un poco de resentimiento hacía el pelirojo por no contarle aquello, rabía contra si mismo por no haberlo notado antes y dolor, compartía de alguna manera el dolor de Gaara.
-Yo...- comenzó el pelirojo, tratando de manejar el nudo que se habia formado en su garganta hace ya un tiempo -Yo sé que debí contartelo, en serio lo sé naruto...- sus manos agarraron su cabeza en un gesto de desesperación -Es solo que tenía miedo...Por favor, perdoname...-
-¡Gaara!- solo hizo falta que escuchará su voz quebrándose para despertar todo eso que naruto habia tratado de suprimir desde aquella vez que el ojiaqua se fué, se fue y lo dejó, llevandose todo de él. Lo abrazó con fuerza, como si su vida dependiera de ello, y de alguna manera, lo hacía, sin Gaara, el ya no era nada, lo supo aquella vez que juntaron sus labios por primera vez -Esta bien, todo esta bien ahora...- su voz también sonaba quebrada mientras una solitaria lágrima se deslizaba por su mejilla.
En ese momento se sentía como que ambos encajaban.
Ni siquiera se dieron cuenta cuando la lluvia comenzó a empaparlos.
En el mundo, solo existian ellos dos...
Los brazos de Gaara se aferraron a naruto, abrazándolo, sintiendo su calidez, mientras su cabeza se inclinaba para encontrarse con aquellos pedacitos de cielo que eran los ojos de naruto y que tanto le encantaban. Los habia extrañado, pues inexplicablemente le brindaban tranquilidad...
Los ojos de naruto brillaban, con mucho, mucho amor.
Gaara fué subiendo lentamente, sin deshacer el abrazo, su mirada ardiendo, con la necesidad de tocarlo, sentir mas de él, saborearlo nuevamente....Una vez quedo a su altura, sus labios descendieron sin darle tiempo al contrario a protestar. Apasionados y juguetones, le robaron por completo el aliento al rubio que solo pudo corresponder, Sus lenguas bailaban entre ellas, entrelazadas y persiguiendose la una a la otra, y solo cuando se hizo obligatorio respirar, sus labios se separaron.
Pero Gaara no se detuvo allí.
Repartió pequeños besos por la cara de su ojiazul, sus mejillas, ojos, frente, nariz y barbilla, luego, sus oídos, para luego descender por su cuello y volver a subir, esta vez acariciandolo con su lengua.
A naruto le empezaban a fallar las piernas.
-Gaara.. aquí no- susurró, empujando ligeramente al contrarió, pero el sabaku no cedió.
.-No pasa nada, no hay nadie aquí-
Antes de que naruto volviese a protestar, Sus labios fueron nuevamente sellados por el contrario, deseoso de más, sus manos se deslizaron por debajo del uniforme del rubio, explorando su sensual piel bronceada, acariciando, disfrutando.
Esa noche no se detuvieron.
Gaara había recuperado aquello que lo había salvado, la sonrisa de su rubio.
Naruto habia recuperado a la única persona que amaría por el resto de su vida.
Se habian encontrado entre ellos.
Y esta vez nunca se dejarian ir de nuevo.
Consumidos por su propio y apasionado amor.
Mi Luz es tu sonrisa. Fin. (?)
Luego de la ardua jornada de clases, obligado por el menor de los uchihas, hicieron una parada de camino a casa en el parque cerca a la escuela. Lleno de revoltosos niños con mucha energía, el mismo sitio donde solía jugar con el pelirrojo y hacer toda clase de travesuras...mierda. En este mundo todo le recordaba a Gaara.
Suspiro a sabiendas de que sasuke lo observaba con el seño fruncido.
-¿Y? ¿Qué quieres que te diga, Sasuke?- Naruto lo miro seriamente, si bien ambos eran amigos, poco o nada sabían del otro.
-Cuentame esa historia- Sasuke se recostó en la banca, sacándose los lentes para mirar al cielo -La que estaban hablando Kiba y Shino hoy-
-¿Hablas de Gaara?- levantó una ceja, incrédulo -Fuímos amigos desde primaria, no es la gran cosa- afirmó, aunque bien sabía que era una mentira -Se mudo cerca a mi casa, el idiota era un engreído, pero nos llevabamos bien- una medía sonrisa se escapó de sus labios.
-Hmmm- el pelinegro no lo miraba, parecía estar pensando detenidamente en algo -¿Y no había nada más?- preguntó, dejando de mirar al azul cielo para mirar las azules orbes de naruto en su lugar. Su mirada indicaba pasión, una que naruto nunca había visto.
-¿Eh?- naruto se sintió repentinamente intimidado -No se de que hablas teme...- rodó los ojos, en un intento de evitar ser descubierto -Además, me estás asustando-
Sasuke frunció aún más el ceño mientras lo tomaba por la barbilla para hacer que le mirara, su rostro se acercó lentamente al contrarío, que no podía apartar la mirada, en su interior, naruto gritaba que se detuviera, pero exteriormente su cuerpo era incapaz de reaccionar, intimidado por el profundo azabache en los ojos de Sasuke. Sus rostros cada vez más cerca, sus labios apenas rozandose, aún no se besaban, pero estaban lo suficientemente cerca como para hacerlo.
-¿Por cuanto tiempo...- comenzó el uchiha -Piensas ignorar lo que siento?- sus manos ladearon el rostro del rubio mientras depositaba un beso en su mejilla -¿Porque lo sabes, verdad Naruto?- y posteriormente lamer suavemente su oreja.
A naruto lo recorrió una extraña corriente, su cuerpo se tensó, aquello no le gustaba para nada -Ya te dije que no se de que hablas teme- su voz empezaba a denotar enfado, Enfado que sasuke decidió ignorar.
-Je- pronunció el azabache esbozando una sonrisa prepotente, mientras miraba fijamente a su compañero -Hacerte el idiota no funciona conmigo, Usuratonkachi-
Las mejillas de naruto ardieron, no sabía si de verguenza o enfado, lo único que supo es que estuvo a punto de estampar su puño contra la cara del uchiha, de no ser porque vió algo a la distancia, un rojo fuego, largo, no mucho, que parecía buscar algo, perdido. Alto joven de chaqueta negra, no le veía la cara, pero se parecía tanto a el que se detuvo en el acto, como si el tiempo se hubiese congelado para el entonces.
No se dió cuenta cuando Sasuke aprovechó esa pequeña ventaja para atraerlo hacía sí, robándole el aire con sus apasionados besos, intentó reaccionar y apartarlo, pero la fuerza le empezaba a fallar. Cómo una quinceañera experimentando por primera vez algo distinto y desconocido, aunque le molestaba, no le desagradaba del todo. Quería a sasuke, pero no de la manera como éste lo quería a el. No románticamente, si no como amigo, el buen amigo que lo había sorportado.
Sus rodillas fallaron y naruto se deslizaba al piso, hasta que los fuertes brazos de sasuke lo atraparon en el acto, aprisionándolo contra su cuerpo, sin dejar correr el aire entre ellos. Su ofensiva de besos continuó hasta que se hizo necesario respirar. Sus mejillas mostraban un leve carmesí mientras pronunciaba quedadamente el nombre de sus anhelos:
-Naruto...-
Y lo siguiente que sintió fue una cachetada. Bien, eso no dolió.
Luego, y por sorpresa, lo siguiente que supo es que le dolía la quijada.
Alguien le había pegado.
Sasuke estaba en problemas.
...
Sería imposible decir que no se lamentaba. Eso sería una gran mentira. Lo amaba y le había dolido mares dejarlo, océanos completos, pero era algo necesario, necesitaba alejarse de aquel pequeño y vivaz rayo de sol. No era culpa suya, por que él lo amaba, lo amaba como nunca había imaginado era posible amar a alguien. Si tuviese que culpar a alguien, probablemente sería el destino, el repentino traslado de su hermana ni siquiera le dió tiempo a despedirse de esos hermosos zafiros que ahora tanto añoraba, de esos cálidos labios, cuya sonrisa iluminaba sus sombras.
Había crecido lejos de su amado, pasado mil dificultades pero había regresado, ya por fín podía verlo de nuevo, tenerlo entre sus brazos y aspirar su extraño aroma como al campo, como a libertad.
O eso pensaba.
Tenía en mente llegar de sorpresa a su casa, comunicarle que se transferiría a su universidad, y que luego de mucho tiempo había regresado por él. Esa era la idea, si bien estaba conciente de que era posible que lo recibiera con una cachetada, esperaba que pudiese perdonarlo. Todo aquello se vino a bajo cuando, mientras pasaba por el parque cerca a su casa, escuchó la voz de naruto. La busco, desconcertado ¿Que podía estar haciendo su rubio allí? debería estar en su casa, o eso creía.
Finalmente cuando lo encontró, una escena increíbe sucedia delante de él.
Había un chico besando a naruto.
SU Naruto.
Estaba molesto.
Si bien el naruto delante de él no era el que había dejado atrás, eso era de esperarse, la gente cambia, y el rubio había crecido, aunque Gaara era más grande que él. También había dejado de lado esa actitud alegre, o por lo menos, no parecía haber indicios de que aún lo conservara. De hecho, parecía más molesto y decaído.
No lo pensó dos veces cuando su puño golpeó la cara de aquel desconocido. Para nada, es más, gustosamente lo hubiese golpeado dos veces si el fuese la causa de la expresión aproblemada de su sol. Los azabaches y oscuros ojos del desconocido lo miraron con furia mientras se levantaba a su altura, pero él no se acobardó.
-Tienes agallas para tocar la propiedad de otras personas- le reclamó el pelirrojo en actitud desafiante, mirándolo como la peor escoria del mundo.
-Naruto no le pertenece a nadie, solo a sí mismo- Contratacó el otro, afilando sus ojos en una expresión irritada.
Las bronceadas manos de naruto separaron a ambos, se notaba en su expresión que el estaba molesto y desconcertado -Yo no soy de nadie, ni siquiera de mi mismo ¿Ok? y ahora- Se volteó para encarar a Sasuke -Tú, no vuelvas a hacer eso a menos que quieras mi pie en tus nalgas de pollo, TEME- enfatizó, empujándolo levemente - Eres mi amigo, pero hasta allí, Hablaremos de esto más tarde y con más tiempo- Su mirada le indicaba que se fuera, por lo que sasuke solo resopló.
-Tsk...Como quieras- se puso sus lentes y se dispuso a caminar de regreso, deteniendose unos momentos para mirar hacía atrás - Ya se que me rechazas porque quieres más al tal Gaara, pero, si te hace llorar, le partiré la cara- espetó, para luego por fín continuar su camino.
Naruto lo miró marcharse, sintiendose un poco culpable, aunque sabía que era lo mejor, para los dos. Cuando sasuke estuvo ya fuera de vista se volteó para encarar a su pasado, aquel que se había marchado sin explicación alguna, Su mirada se volvió dura -¿Y tú que haces aquí, Gaara?-
El rostro irritado del pelirrojo se suavizó, mientras sus claras orbes se posaban en la figura de un ahora adulto, naruto -Regresé- dijo como si fuese lo más normal del mundo -Regrese...por tí-
Aquellas palabras hubiesen derretido al rubio, de no ser porque, claro está, las cosas no serían tan fáciles -¿Y?- preguntó alzando una ceja -¿Qué? ¿Esperas que corra a tus brazos en un dramático reencuentro como en las telenovelas?- le dió la espalda frunciendo el entrecejo, mientras tomaba su mochila de la banca y se la echaba al hombro, dispuesto a marcharse -No tenías nada porque regresar aquí-
-Si que lo tenía- Escuchó a Gaara hablar dulcemente detrás de él, lo próximo que sintió fueron sus brazos rodeándolo. El pelirrojo lo abrazaba por detrás -Estás tu aquí, eso es más que suficiente-
-Gaara- Naruto perdía la paciencia.
-Al menos déjame explicarme- le pidió, mientras le besaba la mejilla amorosamente, la misma que segundos antes habia besado el uchiha. El cuerpo del ojiazul se tensó. -Yo nunca quise irme, eso solo qué...-Suspiró -Temari fué transferida repentinamente, todos tuvimos que marcharnos, hubiese querído despedirme pero...no pude-
Naruto guardo silencio esperando -Tampoco escribiste, ni llamaste, ni nada..- sus ojos mostraban reproche, y Gaara aceptó eso.
-Es un tema delicado, ven- El pelirrojo lo guió por el pequeño parque, mientras el atardecer caía dando paso a la estrellada y silenciosa noche, llegaron a donde estaban unos pequeños columpios donde solían jugar, extendió su abrigo, colocándolo sobre los pequeños hombros del rubio quien en esos momentos no llebaba nada más que su uniforme, tomándo asiento, se dedico a prepararse para contarle todo.
El rubio se sentó a su lado, mirando las estrellas, el Gaara que estaba junto a él, era por mucho más tranquilo que el que solía ser su mejor amigo. Este parecía calmado, distante y maduro. Una visión que no le desagradó, pero de alguna manera, lo hacía sentir solitario...
Sus cabellos rojos se mecieron a causa del viento, recordandole que no estaba solo en aquel lugar, estaba allí con alguien importante, no sabía cuando, no sabía como, simplemente estaban allí. Antes de atreverse a confesarle todo aquello que lo atormentaba se permitió recordar. Recordar el preciso instante en el que su vida...cambió.
-Escucha- su voz salió en un susurro -Hay cosas que no te he contado, pero estoy más que seguro que ya las sospechabas- Su mirada viajó al cielo, mientras las vivídas escenas se repetían en su mente -Cuando yo era chico, desde que nací, mi padre me culpaba por la muerte de mi madre. Ella tenía un embarazo riesgoso, sin embargo no se entero de dicho embarazo si no hasta que fué muy tarde como para abortar, que era lo que ella quería, estaba asustada y no quería morir- El corazón de naruto se encogía con la historia que le estaban contando -Yo tomé la vida de mi madre, o algo así, y nada más llegar al mundo mi padre intentó matarme-
Un pequeño escalofrío recorrió la espalda de naruto, acompañado por la brisa gélida que acompañaba la historia del Gaara.
-Falló, gracias a que mis hermanos me protegieron- La voz del pelirrojo sonaba melancólica -Pero eso no evitó que me maltratase durante mucho tiempo, e, incapaz de aguantarlo, mi hermana nos tomó a mi hermano y a mí y los tres huímos de casa-
-¿Qué paso con tu padre?- se atrevió a preguntar naruto, sintiendo un extraño nudo en la garganta, la expresión de gaara era dolorosa, y llena de soledad, la misma soledad que años atrás el había alejado.
-Aún me busca, para matarme- afirmó -Solo que ahora está tras las rejas, gracias a Temari, Mi hermana lo denunció, esa fué otra de las razones por la que nos fuímos, venía hacia acá y de alguna manera, me alegro de no haberte involucrado- suspiro, sonriendo de manera triste.
-Gaara...-Los ojos del rubio se humedecieron, en su interior había todo tipo de emociones mezcladas: un poco de resentimiento hacía el pelirojo por no contarle aquello, rabía contra si mismo por no haberlo notado antes y dolor, compartía de alguna manera el dolor de Gaara.
-Yo...- comenzó el pelirojo, tratando de manejar el nudo que se habia formado en su garganta hace ya un tiempo -Yo sé que debí contartelo, en serio lo sé naruto...- sus manos agarraron su cabeza en un gesto de desesperación -Es solo que tenía miedo...Por favor, perdoname...-
-¡Gaara!- solo hizo falta que escuchará su voz quebrándose para despertar todo eso que naruto habia tratado de suprimir desde aquella vez que el ojiaqua se fué, se fue y lo dejó, llevandose todo de él. Lo abrazó con fuerza, como si su vida dependiera de ello, y de alguna manera, lo hacía, sin Gaara, el ya no era nada, lo supo aquella vez que juntaron sus labios por primera vez -Esta bien, todo esta bien ahora...- su voz también sonaba quebrada mientras una solitaria lágrima se deslizaba por su mejilla.
En ese momento se sentía como que ambos encajaban.
Ni siquiera se dieron cuenta cuando la lluvia comenzó a empaparlos.
En el mundo, solo existian ellos dos...
Los brazos de Gaara se aferraron a naruto, abrazándolo, sintiendo su calidez, mientras su cabeza se inclinaba para encontrarse con aquellos pedacitos de cielo que eran los ojos de naruto y que tanto le encantaban. Los habia extrañado, pues inexplicablemente le brindaban tranquilidad...
Los ojos de naruto brillaban, con mucho, mucho amor.
Gaara fué subiendo lentamente, sin deshacer el abrazo, su mirada ardiendo, con la necesidad de tocarlo, sentir mas de él, saborearlo nuevamente....Una vez quedo a su altura, sus labios descendieron sin darle tiempo al contrario a protestar. Apasionados y juguetones, le robaron por completo el aliento al rubio que solo pudo corresponder, Sus lenguas bailaban entre ellas, entrelazadas y persiguiendose la una a la otra, y solo cuando se hizo obligatorio respirar, sus labios se separaron.
Pero Gaara no se detuvo allí.
Repartió pequeños besos por la cara de su ojiazul, sus mejillas, ojos, frente, nariz y barbilla, luego, sus oídos, para luego descender por su cuello y volver a subir, esta vez acariciandolo con su lengua.
A naruto le empezaban a fallar las piernas.
-Gaara.. aquí no- susurró, empujando ligeramente al contrarió, pero el sabaku no cedió.
.-No pasa nada, no hay nadie aquí-
Antes de que naruto volviese a protestar, Sus labios fueron nuevamente sellados por el contrario, deseoso de más, sus manos se deslizaron por debajo del uniforme del rubio, explorando su sensual piel bronceada, acariciando, disfrutando.
Esa noche no se detuvieron.
Gaara había recuperado aquello que lo había salvado, la sonrisa de su rubio.
Naruto habia recuperado a la única persona que amaría por el resto de su vida.
Se habian encontrado entre ellos.
Y esta vez nunca se dejarian ir de nuevo.
Consumidos por su propio y apasionado amor.
Mi Luz es tu sonrisa. Fin. (?)
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