miércoles, 3 de febrero de 2016

Prólogo: Del pasado de un alma oscura...

[Hace miles de años]

En el inicio de los tiempos, el comenzar de la vida...los primeros respiros de las criaturas vivientes de Azuria. Todo eso lo había presenciado él. A pesar de su destino marcado desde el día de su nacimiento, encontraba todo aquello, nuevo para él, fascinante. Sabía lo que podía hacer, de lo que era capaz y de sus limitaciones. Si así se lo hubiese ordenado la máxima autoridad, probablemente él mismo habría destruido todo aquello antes de que si quiera comenzara. Pero no podía, porque era demasiado hermoso como para no ver. Lo cautivava.

Aquello que comenzó como una pequeña civilización se fue expandiendo rápidamente como una plaga. En un principio, el se maravillaba con todas las cosas que ellos descubrían, los logros que alcanzaban y los misterios resueltos. Hasta que la semilla del pecado comenzó a brotar en aquella creación imperfecta. Él, como juzgador de aquello, empezó a notar con cierto temor el cambio inevitable...No importaba cuantos avisos el creador mandaba, ellos simplemente seguían las cadenas de destrucción. Y él no podía intervenir con aquello.

El mundo que una vez amaba estaba sumergido en pecados, destrucción y negligencia. Las injusticias eran insoportables y su deber comenzaba a llamar. Desde joven, había sido excluído y marginado por sus compañeros que de cierta manera temían a su poder, Y con toda la razón. Incluso el mismo, secretamente, temía de las responsabilidades que conllebaban dicho poder. Un error sería catástrofico en la historia y el ciclo vital. La destrucción lo llamaba, el la reconocía, le temía y la respetaba. él mismo era la destrucción y era por lo mismo que fué aislado en otra dimensión. En un vano intento de Gea por impedir que su poder fuese utilizado para malos propósitos. Más no hizo sino empeorar las cosas. Su soledad lo quemaba vivo, anhelaba el mundo  de afuera el cual no podía pisar sin el permiso del codiciado cubo. Solo podía observar, añorante e imaginar el sentimiento del viento en su cara, el pasto en sus pies, el agua en su cuerpo. sonaba ridículo, pero era así. Su destierro solo logró endurecerlo. Inexpresivo, orgulloso y engreído. Se convenció a si mismo que no le importaba más la humanidad. Los maldijo silenciosamente, los odiaba, los sentía traidores...Ya no podía confiar en ellos. Destruyendo todo a su paso...Al final, a él le tocaría destruírlos a ellos. Aunque estaba exiliado, no estaba del todo solo. Tenía sirvientes...y guardianes. Soldados y Guerreros. Pero con ninguno de ellos compartía un vínculo mas allá de amo-sirviente. La soledad lo abrumaba. En silencio. Pues su rostro inexpresivo nada de aquello demostraba.  Su mirada fiera imponía terror en sus vasallos. Su poder, en sí, para el era una maldición.

Sus años de exilio hubiesen continuado de no ser por la inexperada oportunidad que le ofreció la vida. Cuando un humano, Asqueado del mundo en el que vivía, decidió dejar de lado el camino del bien y desvíarse a las sombras. Solo por el vacío que había dejado la pérdida de su amada. Se compadeció secretamente de aquel patético hombre, mientras se burlaba de su dolor.

Aquella era su herramienta de salida.
Y el no iba a desperdiciar esa oportunidad.

[ACTUALIDAD]

Desde uno de los espejos dimensionales observaba la marcha de su plan maestro. Todo parecía ir de acuerdo a lo acordado y aquel humano, su nuevo peón, había resultado más útil de lo que esperaba. Podía saborear en el aire el aroma de su pronta libertad, habiéndose revelado en parte contra el creador de todo, sentía que el final de su pesadilla estaba cerca....y la hora de la venganza, próxima.

Un pequeño disturbio en la pantalla lo sacó de sus pensamientos, llevándo su atención nuevamente al área que estaba observando segundos atrás. Se trataba de una batalla que abarcaría un papel importante en sus planes...y que al parecer estaba siendo frustrada por una chiquilla.

-¡Maldición!- Gritó en la soledad de sus dominios, golpeando con fuerza la mesa de piedra delante de sí. Sus ojos carmín brillaban con una ira incontenible mientras fulminaban a la desconocída en su campo de visión. -¿Quien es esta insignificante mosca en mi camino?- le preguntó al aire. Realmente no esperaba respuesta alguna.

La muchacha en la pantalla, una joven de 19 años de largos rizos color ámbar un poco más abajo de la cintura, ojos celestes, pestañas largas y llamativas, piel pálida como la porcelana, se encontraba peleando cara a cara con uno de sus ayudantes del otro lado. A su lado, estaba uno de sus irritantes compañeros de "trabajo" adán, el hijo divino de Gea. Otra molesta piedra en su camino.

-¡¿Que están haciendo esos ineptos?!- maldijo entre dientes, indagando más en la vista de los alrededores para obtener más información -¡Detengan a la chica y al espiritú de gea!-

Se detuvo en medio de dar sus órdenes para pensar claramente. La chica estaba acompañada de un eidolon, no cualquiera, si no Adán. EL HIJO DIVINO. Eso significaba mucho. La chica era una envíada de gea. lo cual quería decir que no era un hueso duro de roer. eso, lo primero. Lo segundo eran aquellos molestos  rumores que no había tomado en cuenta sobre aquella misma chica, o que al menos sospechaba que se trataba de ella, pues no parecía una enviada de Gea normal.

-La chica que puede manjear el poder de varios eidolons....-recordo en un susurro calmado mientras observaba ya más relajado -Sin desvíarse al camino de la oscuridad. La esperanza de Gea de volver a unirficar los lazos entre los humanos y los eidolons-

Todo estaba claro ahora. La chica era también una herramienta de su oponente. El claramente estaba en desventaja de aquello, pero su peón, el caballero oscuro, tenía mas trucos bajo la manga de lo que Gea podía esperar. Sonrío de manera sadica mientras acomodaba sus cabellos ágilmente.

-Si asi quieres jugar, Acepto el reto- Soltó una retorcida carcajada, observando aún la imagen ahora un poco distorcionada del mundo exterior -Vemos quién es mas fuerte: Si tu bondad  de volver a unir lo que esta roto, o la mía de corregir lo que fué un error desde el principio....- Sus ojos adoptaron un poco de expectación y ansiedad -¿Quien estará en lo correcto?- Finalizó, volviendo a soltar otra carcajada.

En aquel desolado lugar donde se encontraba, la figura del hombre ardió en llamas de color carmesí. unas llamas aterradoras, pero apasionadas. Mientras estiraba su mano hacía la chica que no podía tocar, mucho menos enfrentar, pronunció:

-Patética chica, solo te espera un camino de sufrimiento, dolor y decepción.-

Sus labios curvados en una sonrisa de burla.
El mundo a su alrededor se volvio a teñir de oscuridad.
Una oscuridad más que habitual para él, la misma oscuridad que siempre lo abrazaba.
Su propia prisión de soledad.

Prisión de la cual, no esperaba escapar.
De no ser por un mal cálculo en sus planes,
Y una chica con mucho más en ella que solo poder.

El deseo de su corazón...
Pronto se haría realidad.

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