sábado, 24 de septiembre de 2016

A storm knight cap 1: Traición.

Esa mañana había despertado como cualquier otra.
Si tuvieran que preguntarle, todo estaba perfectamente normal.
Sin embargo...
La sombra de la tragedia se cernía sobre ellos.

─¿De verdad mi padre quiere que tenga algo tan importante?─ Preguntó insegura observando la delicada piedra, creyó verla ensombrecerse unos segundos y la embargó un sentimiento de incertidumbre.

─Si, esas son las órdenes del rey─ Le confirmó la mucama.

Ella se acercó al tocador para tomar la cinta blanca con la que solía amarrarse el cabello.
Su reflejo en el espejo se veía ligeramente diferente, pero no lograba descifrar el porqué.

─¿Qué será esto, Momo?─ le preguntó a su amiga de confianza ─Tengo el presentimiento que algo malo va a pasar...─ Instintivamente llevó su mano a su pecho, donde reposaba el colgante, como si hubiese estado destinado a estar allí siempre y lo tuviese de toda una vida.

Destino.
Qué palabra tan caprichosa.
Aún así no podía sacarla de su cabeza.

─No diga eso alteza─ Su mucama se alteró unos minutos para luego suspirar y agregar ─Todo estará bien, el Rey la espera a las 6 en la sala del trono, parece que hará un banquete en su nombre─ Su habitual sonrisa regresó a sus labios y de alguna manera eso la tranquilizó.

─Tienes razón ─ ella sonrió también ─Debo tener confianza en que todo saldrá bien─

Ambas se sonrieron mutuamente.
Para luego ser interrumpidas por el sonido de unas trompetas.

Se acercó corriendo hacia la ventana donde pudo observar un carruaje real pasar por las puertas principales. La bandera que ondulaba al viento le dijo de inmediato de quien se trataba. Era el emblema de la familia real y solo había una persona a parte de su padre y ella quien podría usarlo a disposición.

─Es mi tío─ sonrió con entusiasmo mientras levantaba ligeramente su vestido y salia corriendo por los pasillos del palacio ─¡Mi tío vino de visita! ¡Padre!─

─¡Majestad espere!─ Momo salió corriendo detrás de ella mientras cerraba con cuidado la puerta de la habitación.

En la historia de Dallas hay siempre un relato que se pasa de generación en generación. La historia de la prosperidad del reino. La clave de todo lo que pasó y pasará a futuro. Durante la guerra entre los demonios y los humanos. Una simple diosa se levantó en contra del pacifismo de los demás dioses "Debemos intervenir" decía con desespero, algo que quebrantaba todas las reglas del pacífico mundo de los Dioses. Todos sus hermanos le dieron la espalda. Pero Gea fue el único que la escuchó.

Gracias a esta misteriosa joven, se formó una alianza entre humanos y eidolons.

Un día mientras el rey de aquel entonces paseaba por los jardines acompañado de su halcón mascota, una joven hermosa descendió de los cielos trayendo consigo una extraña caja. La caja contenía un presente para el rey.  y le fué entregado bajo las siguientes palabras.

"Hemos escuchado la petición de tu pueblo.
Los dioses han decidido intervenir,
Te entregamos a tí pues, El rey de estas tierras donde se cruza el conflicto,
Una reliquia sagrada de nuestro pueblo.
Que sea esto considerado el símbolo de nuestra alianza.
A partir de ahora, tu tierra será protegida"

La joya del rey, así se conoció desde entonces a dicha reliquia.
Y una vez en posesión del reino, este prosperó.

Hace 34 años, el regente rey de Dallas se vió en una difícil decisión. Sus dos hijos, ambos capables hombres para gobernar, cumplirían pronto la edad para sustituirlo. Solo podía elegir a uno. El mayor, un hombre fuerte y capaz de gobernar ejércitos con sabiduría sentía una pasión y destreza por las batallas. Era bueno con las personas aunque sus acciones o palabras solían ser bruscas. Todos en la corte real lo aprobaban para ser el rey. En el otro lado estaba su hijo menor, introvertido y sensible de todo lo que lo rodeaba, su pasión eran los libros, los animales y la naturaleza. Tenía una afinidad para llevarse bien con todo el pueblo, no solo con los de clase alta. era amado por los niños y respetado por los mayores. se consideraba una persona trabajadora.

Indeciso, el rey optó por preguntarle a sus hijos quien debía ser rey. Por qué razón debería elegir a cada uno.

El mayor respondió.
"Padre, tu sabes muy bien de lo que soy capaz. Si algún dia el reino llega a estar en peligro, yo podré protegerlo con mis propias manos. Si la guerra llegase a nosotros otra vez, yo podría guiarnos a la victoria. bajo mi mandato el reino prosperará, ganaremos tierras y nos defenderemos de los invasores"

El rey asintió a ello y miró a su hijo menor.

El menor se arrodilló y respondió.
"Padre, yo no sé pelear, no se tomar un arma para quitar la vida de otro. tampoco sé si será apropiado para dirigir un pueblo, pero si me eliges, trabajaré duró para ello, escucharé al pueblo, y que ellos sean los que decidan qué es lo que debemos hacer. Si llegase a haber una guerra protegería a mis súbditos, protegeremos el reino entre todos. No soy fuerte solo, padre. Pero con la ayuda del pueblo estoy seguro que podríamos prosperar"

El hermano mayor rezongó ante las palabras del menor a tono de burla.
se escuchó un "ingenuo" murmurado por lo bajo en el silencio de la sala del trono.

El rey habló.
"Hijo mío" dijo, dirigiéndose al menor de ellos "¿Que tan lejos y tan duro piensas trabajar para llegar a ese ideal?"

El menor cerró los ojos y contestó "Lo que sea necesario"

Finalmente, el día de la coronación llegó.
Contra todo prospecto, el rey escogió a su hijo menor como su sucesor al trono.
El pueblo enteró festejo mientras que el hermano mayor solo miraba a la distancia.
Su derrota implicaba tener que dejar el palacio real.
Más sin embargo, el hermano mayor le hizo una promesa al nuevo rey.

"Aunque esto significa que ya no viviremos bajo el mismo techo, seguiré cuidando de ti, hermano. Mi espada y mi escudo son para protegerte a ti y al reino, incluso a la distancia"

Esa era la historia de Dallas.
Hasta ahora.


Mientras la joven corría por los pasillos sin detenerse a mirar a su alrededor, chocó con alguien al tratar de girar al siguiente pasillo ─Ops, lo siento─ se disculpó, haciendo una leve reverencia.

─Rui, ¿No te ha dicho tu padre que no corras por los pasillos?─ una voz sumamente familiar llegó a sus oídos mientras una fuerte y envejecida mano la ayudaba a levantar sin casi ningún esfuerzo.

─¡Tío!─ Exclamó ella con una sonrisa de felicidad mientras se lanzaba a los brazos de uno de sus pocos familiares.

─Jajaja─ rió el contrario con voz grave mientras correspondía el gesto de su sobrina ─Has crecido pequeña─ la sonrisa que adornaba los labios de aquel hombre mayor estaba rodeada de arrugas y sabiduría. Su tío no era tan viejo en realidad, pero se le notaban algunos años ya.

Ambos caminaron tomados de la mano hasta los aposentos del rey. En el camino hablaron de varias cosas pues no se habían visto en casi 12 años. El aura de su tío podía ser intimidante, pero ella sabía con toda seguridad de que el se preocupaba por ellos. Durante el recorrido se enteró de que su tío se había casado no mucho después de la última vez que lo vió y que, además de eso, tenía un hijo un poco más joven que ella, pero que la supera en altura. Pronto habían llegado a los aposentos del rey que parecía estar fuera terminando algunos asuntos reales, así que esperaron tomando el té tranquilamente en el jardín real personal del rey. Las gemas allí eran más grandes y emanaban luz propia, dándole el aspecto de un sitio salido de un cuento de hadas.

─Tu primo, Ryuu es justo como yo─ comentó su tío bajando su taza de té aún caliente ─Tiene una pasión por las batallas y es aún mas fuerte de lo que era yo a su edad. Es mi orgullo─ en su sonrisa se podía notar todo el peso de sus palabras ─No puedo esperar a que lo conozcas Rui, seguro que se llevaran muy bien─

─¿Quienes se van a llevar bien?─ una suave voz interrumpió su conversación, haciendo que la joven se levantara de su asiento por sorpresa y casi tirara el té que se encontraba en la mesa.

─¡Papa!─ La princesa corrió a sus brazos, y el rey la recibió encantado, acariciándole los cabellos con cariño, de la misma manera que solía hacerle su madre.

─Con cuidado Rui─ le reprochó tranquilamente su padre en voz suave ─Podrías haber tirado ese té caliente encima de tu tío─

Ella se separó sorprendida de manera apresurada y se acercó rápidamente a su tío, inclinando la cabeza a modo de disculpas ─¡Lo siento tío!─ Pero la única respuesta que obtuvo fue una risa estrepitosa por parte de este, acompañada de la suave y gentil de su amado padre.

....

La noche cayó y el palacio se llenó de vida, gente cantando, olor a comida deliciosa en el aire. Música de festejo y fuegos artificiales que parecían flores naciendo en el aire. El pueblo también festejaba. era un día importante para el reino.  Momo y las demás empleadas de la servidumbre corrían de aquí a allá llevando bandejas repletas de comidas y bebidas, mientras atendían a los huéspedes. Los representantes de cada sector del reino de Dallas estaban allí. junto con los miembros del consejo y algunos políticos importantes de Azuria. Incluido un representante del vaticano.

La princesa bailaba alegremente con una de las hijas de un miembro del consejo. la pequeña tenía solo unos cinco años de edad, pero su curiosidad superaba su tamaño, a diferencia de su estricto padre ella era bastante considerada y tierna, y tenía un apego muy especial por la joven de cabellos celestes.

Su padre la observaba a la distancia con una mirada de desagrado.
Había un extraño cuchilleo casi imperceptible entre los miembros del consejo.

La joven princesa se detuvo unos momentos, buscó con la mirada a su padre quien había visto segundos antes hablando alegremente cerca a la fogata, más ahora mismo ya no se encontraba allí. ─Ya vuelvo Mery─ le dijo a la pequeña mientras revolvía sus cabellos rosa ─Iré a buscar a mi padre para agradecerle por esta fiesta, además ya casi es hora del pastel─ sonrío mientras salía corriendo agitando sus manos alegremente a modo de despedida.

Los pasillos que daban a los aposentos del rey estaban más solos de lo normal. No había guardias, todos estaban en la fiesta celebrando su cumpleaños. Sintió el ambiente pesado y la sensación lúgubre de esa mañana volvió a invadir su pecho. sacudió la cabeza enérgicamente para deshacerse de esos malos pensamientos. debía tener fé en que todo estaba bien y quizás solo estaba imaginando las cosas. El palacio era el sitio más seguro del reino. ningún enemigo podría llegar allí sin ser visto.

La puerta del cuarto de su padre estaba un poco abierta, así que se acercó a mirar por la pequeña abertura si tal vez se encontraba ocupado con algún asunto real. Una voz conocida podía escucharse desde el interior.

─Ya ves como son las cosas, hermano─ la voz de su tío sonaba sería y un tanto fría. se encontraba de espaldas a donde ella estaba viendo, y supuso entonces que su padre estaba delante de él. 

─¿Qué significa esto, Kaiba?─ le preguntó el rey a su hermano mayor ─¡Tu prometiste....!─

─Las promesas son solo palabras, tío─ esta vez una voz desconocía interrumpió en su conversación, se escucharon unos pasos un poco ligeros y pudo ver a un joven de cabellos negros acercarse junto a su tío ─Después de todo tú sabes muy bien que todo esto fue un error─

Sus ojos se abrieron como platos al observar a aquel joven desenvainar su espada, escuchó un quejido aterrador por parte de su padre y vió como este caía al piso, sus ojos se encontraron con los agonizantes de el que parecían pedirle que huyera. No pudo soportar ver más, así que se dió la vuelta para pedir ayuda pero ya era tarde. Una mano fuerte la tomó por los hombros y la empujo hacia la habitación, haciéndola caer al piso.

─Encontre una fisgona─ bromeó aquel hombre mientras entraba a la habitación con paso pesado.

Levantó su mirada para encontrarse con los fríos ojos de su tío y de aquel desconocido cuyas ropas se encontraban ahora manchadas de la sangre de su padre.

─Eh....¿Quién es esta mujer?─ preguntó el joven de cabellos negros de manera fría y desinteresada mientras limpiaba su espada con una parte de su capa negra.

─Es tu prima─ contestó Kaiba exasperado mientras se agachaba para comprobar los signos vitales de su hermano menor...Nada. Tomó la corona y el anillo real de este y se los pasó a un lazarillo que estaba cerca de él. ─La princesa de Dallas, Rui. Es una pena que tuvieras que ver eso─ dijo, pero su mirada demostraba lo contrario, había una sonrisa burlona adornando su envejecido rostro ─Pensábamos matar al rey y hacerlo parecer como un ataque de los rebeldes, pero ya que nos viste, supongo que también tendremos que deshacernos de ti─

─¿Es así?─ su primo la miró con cierto interés ─Es una pena, podría haberla hecho mi esposa. No esta nada mal─ La sonrisa que se posó en su rostro no hizo más que mandar escalofríos por la espalda de la joven.

El hombre que la había empujado, al parecer guardaespaldas de su primo negó con la cabeza ─No debemos tomar decisiones apresuradas, deberíamos...─

─¡Silencio!─ Su tío lo interrumpió ─Yo seré el rey ahora, cómo debió haber sido, YO tomaré las decisiones─ remarcó con voz dura y la sala cayó en silencio. ─Haz hecho un buen trabajo hijo, infiltrandote aquí con tu tropa especial─ le felicitó.

─Un placer servir al futuro rey─ su primo sonrió con orgullo y prepotencia, haciendo una leve reverencia a su padre.

Rui no daba aval a lo que estaba escuchando. Es como si todo lo que pasaba fuera ajeno a ella. Su mirada estaba clavada en la mirada vacía y perdida de su padre, su rostro contraído en dolor y agonía. la mirada que le dio antes de dar su último suspiro se mantenía clavada en su mente, repitiendo una y otra vez.

¡Huye!
algo dentro de ella parecía despertar
Eso era seguramente lo que su padre quería que hiciera.
Sin llamar mucho la atención examinó sus alrededores, La sala del rey estaba llena de guardias que no había visto antes en el palacio. Sin embargo, la puerta detrás de ella estaba desprotegida.
¡Corre!

Aprovechó la distracción de sus captores mientras decidían qué hacer con ella,
se levanto de manera apresurada y casi tropezando, pero se las arregló para mantenerse en pie y salir corriendo de allí. Afuera se podía escuchar todavía la música alta y la gente riendo. Nadie parecía haberse dado cuenta de lo que había ocurrido.

─¡La princesa escapa!─ escuchó gritar a uno de los guardias desde el interior de la habitación seguido de pasos apresurados corriendo tras de ella. No se detuvo a pensar a donde iría, simplemente corrió buscando alguna salida o manera de perderlos.


Corrió por todos los pasillos oscuros, el palacio era grande y de alguna manera logró perderlos cuando llegó al cuarto de la servidumbre. había un cuarto secreto allí que daba un pasadizo hacia el jardín. Momo se lo había enseñado hace mucho tiempo para acortar distancias y de manera preventiva. En su camino sin embargo, se encontró  chocando con una persona.

─¿Princesa?─ La suave voz de mujer que llegó a sus oídos la reconfortó como nunca.

─¡Momo!─ le llamó ella a punto de quebrarse, lanzándose a los brazos de su amiga de la infancia. La mencionada la recibió sorprendida, mientras acariciaba su espalda en un intento de calmarla.

─¿Qué ocurre?─ le preguntó ella asustada ─¿Dónde está el rey? no ha regresado a la fiesta. Vine a buscarla porque todos se preguntaban ya donde estaba...─

Ella lloró en su pecho con fuerza, luchando para sacar las palabras que tanto le costaba pronunciar ─Tio... el mató a papá, yo lo ví...─ respondió apenas audible entre sollozos.

Nada más haber pronunciado ella aquello, se escucharon pasos apresurados y un bullicio en las afueras. la fiesta pareció interrumpida mientras la gente corría gritando y desesperada. Parecía que su tío había hecho su siguiente movida y la fiesta había sido terminada de manera apresurada. Se escucharon las voces de los miembros del consejo mientras corrían en dirección a los aposentos del rey.

─Entonces el general Kaiba traicionó a su hermano─ la voz de Momo era seria mientras detenía su mano, procesando los acontecimientos ─Alteza, si usted lo vió todo y ellos lo saben, su vida corre peligro─ sus manos la sujetaron por los hombros mientras la apartaba suavemente para mirarla de manera severa ─Debe dejar el palacio inmediatamente─

Rui se secó las lágrimas con el dorso de su mano ─Pero...¿como? el palacio está lleno de soldados extraños─

Su amiga no le contestó y solo la tomó de la mano, guiándola por los pasadizos del palacio tratando de evitar ser vistas. Momo traía consigo una mochila que le resultaba familiar, pero que no podía reconocer en estos momentos. Finalmente lograron llegar al jardín, a solo unos pasos de la entrada trasera del palacio. La puerta estaba cerrada de manera intencional y había un silencio pesado en el ambiente. podría cortarse si pudiera.

─Algo no está bien─ murmuró su amiga tomando una pose protectora delante de ella.

Varios soldados emergieron de las sombras y las rodearon rápidamente. Unos pasos se acercaron por detrás de ellas, donde pudo observar una silueta conocida caminar de manera indiferente. Como si todo aquello le aburriera pero no tuviera más remedio que obedecer.

─Desgraciado ¿Quien eres? ¡Muéstrate!─ le exigió la pelinegra con enojo, aunque sus piernas temblaran de miedo al verse sus vidas en peligro.

─Debes ser una sirvienta bastante competente para burlar así a mis hombres─ le contestó el hombre mientras caminaba hacia ellas. Sus ojos rojos las miraba con indiferencia ─Pero no lo suficiente. Me temo que siempre estoy dos pasos delante de todos─ se burló desenvainando su espada. ─ciertamente matar a la princesa sería un desperdicio, pero mi padre me lo ha ordenado. y bueno, de todos modos no importa...Pronto yo seré el príncipe─ una sonrisa sádica se posó en sus labios haciendo temblar a la peli celeste.

─¿El hijo....del general?─ Momo parecía sorprendida por las declaraciones del desconocido.

Arqueros emergieron de las murallas, apuntando sus flechas directo a ellas.
Justo cuando estaban a punto de disparar por la orden de Ryuu....

¡Alto!

Se escuchó una voz chillona interrumpir la orden.
Ryuu inmediatamente detuvo el ataque de sus subordinados de manera irritada.

─¿Por Qué?─ Le cuestionó a la voz irritado.

Ya le he dicho a tu padre.
Necesitan a la princesa con vida.
Es la única que puede usar la piedra del rey.
¡No puedes matarla!
Debes quitarle la joya por ahora.

La princesa inmediatamente acunó el collar en sus manos, intentando en vano protegerlo de aquellos invasores.

─¿Es así?─ preguntó sin mucho interés el pelinegro, fijando su mirada en las manos entrelazadas de la ojiazul ─Tú. mujer, deja esa piedra y ríndete. Si lo haces tal vez le perdonemos la vida a tu amiga...─ rezongó mirando fríamente a su mejor amiga.

Considerando las circunstancias la oferta sonaba realmente tentadora...
Pero significaba dejar el legado de su pueblo en manos de personas malas.
O eso le decía su intuición.

─No lo haga princesa─ Momo le habló repentinamente, como si adivinara lo que estaba pensando ─Si entrega la joya del rey, el reino estará perdido─

La irritación en los ojos de Ryuu creció.
Hizo una señal a uno de sus hombres para que le disparara una flecha a la sirvienta.

─¡No!─ Gritó Rui, mientras corría a ponerse delante de Momo.

Justo antes de que la flecha alcanzara su objetivo, que en estos momentos era la princesa. 
Un trueno sonó en los cielos mientras un rayo se precipitó a la tierra.
La luz resultante era tan cegadora que todos tuvieron que cubrir sus ojos por un lapso de tiempo.
Cuando la luz finalmente comenzó a despejarse. la flecha reposaba tranquilamente en la mano de un joven de cabellos azules que los miraba irritado.

─¿Qué es esto?─ preguntó el desconocido mientras rompía la flecha en sus manos ─¿Levantas tu arma contra dos mujeres indefensas?─ burló.

─¿Qué hay de ti?─ le contestó el otro mientras sus hombres rodeaban al desconocido ─¿De donde haz salido? Este no es lugar para que los niños jueguen─

─No tengo porque decirle nada a un inepto como tu─ resopló el otro, quitándole completa importancia ─Tus tácticas de batalla son tan lamentables, pasarían mil años antes de ponerme un dedo encima─

─Debo suponer entonces─ comenzó el otro, acercándose a el claramente irritado ─¿Que haz venido aquí para proteger a la princesa?─

El joven peli azul miro a la mencionada, su irritación pareció aumentar levemente ─¿Qué? ¿Eres una princesa? Que molestia...─ se rascó la cabeza exasperado, para luego sacar dos pistolas luminosas ─Sería mejor que tu y tu amiga se quedarán atrás─

Ambas retrocedieron desconcertadas.
Aquel hombre parecía querer protegerlas, pero nunca antes lo habían visto.
¿Que diablos estaba pasando?

Los hombres se acercaron al joven pistolero, sus armas listas para atacar.
En los miraba retadoramente, estaba bastante tranquilo y seguro de si mismo.
Una vez dada la orden los hombres se cerraron alrededor de él, atacándole sin piedad.
Las jóvenes cerraron sus ojos asustadas, incapaces de presenciar la supuesta muerte.
Mas sin embargo lo que llegó a sus oídos fué el grito de agonía de varios soldados.
Abrieron sus ojos, y vieron a varios de ellos caer de rodillas a los pies de aquel desconocido, jadeantes de dolor.
Las pistolas del peliazul tenían unas estructuras parecidas a cuchillos saliendo de sus laterales.

─Aburrido─ bostezo con su mano libre y apuntó a los demás soldados. En cuestión de segundos todos ellos estaban en el piso, inconscientes.

─Maldito...─ el pelinegro se mordió el labio, la ira se reflejaba en sus ojos. ─¡Matenlo!─

Pero él era demasiado rápido como para que sus armas los alcanzaran.
Todo aquel que venía por él caía inconciente sin razon alguna.

En medio del entumecimiento del otro, el peliazul tomó la mano de la princesa.
─¡Huyamos!─ le dijo, mientras echaba a correr con Momo lejos de la escena.

Los soldados tardaron un tiempo en perseguirlos.
Ventaja que aprovecharon para esconderse cerca detrás de unos arbustos.

─Sacarte de aquí yo sólo será un problema...─ murmuró el observando los alrededores con sus ojos dorados. Ella noto sus extrañas ropas y como parecía tener un brazo vendado. Quiso preguntar, pero le pareció que no era el momento adecuado. el suspiró ─Si no nos movemos pronto...─

Momo se acercó a ellos ─Aquí es donde entro yo─ afirmó con una sonrisa triste, desprendiéndose de su bolsa, revelando unas ropas iguales a las que traía puesta la princesa. ─Voy a crear una distracción─

El peliazul la miró sorprendido mientras la peli celeste se abalanzaba sobre ella.

─¡No, no puedes! ¡Momo es muy peligroso!─ ella la abrazó temiendo dejarla ir. no quería perder a nadie más esa noche.

La mencionada tomó las manos de su ama con cuidado mientras le sonreía cálidamente ─Estaré bien, sabes lo buena que soy escabulléndose─ le limpió las lagrimas con cuidado ─Estoy segura que nos volveremos a ver─ En sus ojos se podía ver la determinación de hacer aquello, por lo que Rui no tuvo nada más que agregar ─Cuidate, princesa─ fueron sus ultimas palabras antes de depositar un beso en su frente, vestirse y salir corriendo disfrazada de ella.

Los guardias inmediatamente comenzaron a perseguirla, alejándolos de las puertas principales.
Era su momento de escapar.

─Esa mujer tiene agallas─ murmuró el oji dorado con asombro mientras salía de entre los arbustos ─Vámonos, tenemos que salir de aquí, no desperdiciemos el sacrificio de esa mujer─ habló tranquilamente tomándole la mano mientras la guiaba. ella lo siguió como si de una muñeca se tratase, no despegando ni un segundo la mirada de donde había visto a su mejor amiga marcharse. Sintió una opresión en su pecho a medida que se alejaba de su hogar, dejando el palacio a la distancia junto con todos los seres que considero queridos alguna vez.

Las lagrimas brotaron de sus ojos mientras una bandada de aves salía huyendo de un sitio que creía conocer. Una sensación de pérdida la invadió.

─Mentirosa...─ susurró para si misma, a sabiendas de que nunca volvería a verla.

Se había ido.


"Por favor, princesa.
Cuídate. Sobrevive.
El futuro del reino está en tí.
Nunca pierdas tu sonrisa.
Algún día, seguramente....
Nos volveremos a ver"

Continuará....

1 comentario:

Dejame tu sensual opinión acá abajo 7u7r